Allí Donde Nacen Los Sueños 18


Capítulo 18

El Pacto

De súbito, la fría y silenciosa oscuridad es rasgada por la apertura de una brecha de la que surge una criatura Súmmum. Esta da unos pasos hacia delante en lo que la lumínica brecha se cierra tras de sí. Quedando sólo su forma albina contrastando con la nada absoluta y opaca del plano de esta realidad. Acto seguido escruta el lugar. Luego extiende sus brazos y con las palmas de sus manos, tantea el espacio que le rodea, deteniéndose en un punto concreto. Clava sus dedos en la nada y tira de ella como el que abre una ventana de par en par, se introduce de cintura para arriba en el interior de la nueva apertura y aguarda unos instantes hasta localizar y acceder sin demora a los sueños de algún incauto durmiente, con la imperiosa necesidad de nutrirse de ellos.

– “¡Oh! Sííí “–  Farfulla mientras se alimenta.

En el proceso su cuerpo emite una luz cegadora. Delatando su ubicación en la distancia a modo de estrella centelleante en el nocturno firmamento.

Tras éste llamativo personaje, se abre otro portal del que se cuela cautelosa una Melífera. Esta, aprovechando la situación, se le acerca sigilosa por detrás con sus poderosas garras retráctiles preparadas para el ataque. Pero el Súmmum, sin inmutarse, le amonesta: – “Alfa, a estas alturas debería saber que es imposible sorprender a quien te puede leer el pensamiento.” 

Alfa sonríe con malicia mientras le pregunta:– ¿Y qué lees en mi mente Jardinero?

La criatura albina, una vez saciada, cierra la apertura que abrió en el plano de esta realidad y se da la vuelta, encarando con firmeza a la Melífera: – “Tu imperiosa necesidad de matarme.”

– Ja ja ja… – Ríe con descaro la bella criatura de cabellos verdes y luego añade: – No hace falta leer mi mente para saber eso.

El Súmmun, que carece de sentido del humor, guarda silencio unos segundos y luego la interroga: – “¿Porqué estás aquí?”

– Mi Reina Madre reclama tu presencia. – Le responde Alfa invitándole a entrar en un acceso al Portal del Espacio. 

Sin embargo, la criatura albina, alzando bien alta la cabeza, pasa por delante de ella con aires de superioridad rehusando la invitación mientras comenta con satisfacción: – “Sabía que tarde o temprano me llamaría.” – Luego, abre su propio portal y se dispone a entrar en él, pero Alfa le interrumpe gritando su nombre. Este, contrariado, se vuelve hacia ella, en lo que la traviesa Melífera, veloz como un rayo, se lanza contra su pecho penetrando en la materia que lo forma, sin que le de tiempo de reaccionar.

– “¡Odio que haga eso!” – Rechista el Jardinero antes de desaparecer saltando al interior de su portal.

Lejos del reino de la oscuridad, la Reina Madre, sentada en el borde de uno de los citados portales, disfruta relajada de sus nuevas capacidades adquiridas gracias al voraz avance de la Brecha. Y es que poder disfrutar de unos segundos de libertad dando unos pasos fuera de cada portal para sentir en vivo el soplo de la brisa, el alegre revoloteo de sus hijas recolectando néctar o la refrescante humedad que habita en la atmósfera de su colorido vergel, es, sin lugar a dudas, un sueño largamente anhelado hecho realidad. Embriagada por la dicha no puede dejar de sonreír y observa a sus atareadas hijas cumplir con sus funciones cotidianas. Sutil y bella estampa que la transporta a un pasado glorioso de alegres momentos junto a su extinta especie original y, a la vez, le hace reprocharse el haberse dejado engañar por el Súmmun apodado el Jardinero. – Nunca debí aceptar su propuesta. – Se dice a sí misma mientras observa la piel de sus brazos. Una piel que una vez fue negra azabache y que ahora es blanca como el marfil. El largo drenaje de luz al que la miserable criatura albina la ha sometido durante su interminable cautiverio la ha ido debilitando hasta casi consumirla, pero aún no está acabada. Es una Melífera y nadie atenta contra ella sin sufrir las consecuencias.

La Reina, inmersa en el sosiego del disfrute de su paraíso percibe un destello tras ella pero permanece impasible, aún sabiendo que proviene de la apertura de un Portal. Espera unos instantes, sonríe y, sin dejar de mirar al horizonte, saluda a su visitante:– Hola, Ébano. ¿Qué te trae por aquí pequeña mía?

– He atravesado el portal del tiempo porque necesitaba verte por ultima vez, Madre.

– Lo sé, mi vida, el punto de inflexión está cerca. Todo saldrá bien. Déjame decirte que el encontrarte a sido lo mejor que me ha pasado en este indescriptible lugar. Gracias a tu perseverancia por recuperar a tu madre biológica hemos hecho grandes progresos juntas. Ten presente que te estaré eternamente agradecida, mi brillante alumna, por haber sido capaz de descifrar los entresijos de los Doce Portales para mi.

– Soy yo la que te estará eternamente agradecida. Me acogiste como a una hija y le diste un sentido a mi existencia en el Nexus con tu propósito, dándome esperanza cuando lo creía todo perdido. Ahora, he de volver a mi linea de tiempo. Te recordaré siempre, Madre.

– Y yo a ti, mi pequeña alegría.

Finalizada la emotiva despedida, Ébano, retorna al Portal del Tiempo, no sin antes darse la vuelta para mirar con detenimiento el bello rostro de la que a sido su madre durante más tiempo del que puede recordar.

Por su parte, la Reina Madre, tras verla desaparecer, da por terminado su descanso, se pone en pie con determinación y retrocede unos pasos de vuelta al interior de su cúpula.

Al segundo de acomodarse en ella, su estimada hija Alfa y el despreciable Súmmum hacen acto de presencia, cada uno a través de su propio Portal pero igualmente sincronizados en el tiempo.

– Para ser enemigo de la Oscuridad te desplazas con suma comodidad por su reino– Le comenta con sarcasmo la Reina al Súmmum.

Pero éste, ignorando sus palabras, aborda sin preámbulos la cuestión que le interesa: – “¿Al final has decidido ayudarme con la descarriada de tu hija Ébano?…”

– Es posible, pero antes háblame de la otra Madre. – Responde la Reina con amabilidad haciéndole un guiño a su hija Alfa.

– “¿En serio? Tú ansia de adquirir conocimiento me conmueve. Resulta de lo más halagador.” – Deja escapar el Súmmum gratamente complacido, porque no hay cosa que le guste más que hablar de sus experiencias.

– Ve al grano antes de que me arrepienta de habértelo pedido. – Le advierte la Reina con tono aburrido.

– “Un educador, que se precie de serlo, abordaría el tema empezando por los orígenes. Así pues, has de saber que este no es el único Nexus que existe. No me llaman el Jardinero en vano. He plantado infinidad de ellos en mi larga existencia. Unos han sido más prósperos que otros pero ninguno tan longevo y estable como el tuyo. No obstante, he de decir que tiempo atrás hubo otro igualmente grandioso. Un Nexus surgido sin mi sabia intervención en el albor de los tiempos, acogiendo en su seno, una vasta variedad de especies, tanto vegetales como animales, de una belleza sin parangón. Era el edén que todo ser anhela. Sin embargo, un buen día se apagó, dando fin a todo. La pérdida de ese paraíso se generó del modo menos insospechado. Déjenme que les cuente. En esos tiempos, yo era una criatura Súmmum muy básica…”

– Pues no parece que hayas mejorado mucho desde entonces. – Interrumpe Alfa burlona.

El Jardinero la amonesta con la mirada sin detener su relato. – “…movido por mi instinto natural de búsqueda de nutrientes me introduje en el citado Nexus, yendo a parar a una sala capitular con un extraño altar ubicado bajo unas laboriosas y coloridas vidrieras. Desorientado, en un principio, paseé por él maravillado por las formas y los tonos del lugar. Me detuve bajo los coloridos rayos de luz que se proyectaban en el suelo desde las citadas vidrieras y sacie mi voraz apetito con ellos. Embriagado con el placer del festín continué examinando el lugar. Hasta distinguir, en un momento dado, una presencia que se hallaba atrapada en el interior de una esfera transparente que parecía brillar con luz propia. Esta, tumbada en posición fetal en el suelo de la misma, hacia entrever que el espíritu de la tristeza había hecho mella en ella y la estaba consumiendo. Aun así, la magnitud de su poder se percibía sin esfuerzo. Era una Diosa. Era lo más bello y poderoso que jamás había visto. Su maravillosa piel albina, la magia del momento y la desolación que emanaba de la misma, dieron lugar a que la compasión se asentará en mí, y me empujara a consolarla. Así pues, sacando partido de mis cualidades, entre en la cúpula y la abrace con toda la ternura de la que fui capaz.”

– ¡¿Ternura?! ¡¿Pero qué estás diciendo?! ¡¿Intentas hacernos creer que tienes sentimientos?! – Vuelve a interrumpir Alfa incrédula. 

Esta vez, la Reina Madre, es la que le pide que mantenga la calma. En tanto, la criatura Súmmum, armándose de paciencia continua: – “Aquel gesto desinteresado fue acogido con inmensa gratitud, ya que hacía eones que nadie la tocaba. Permanecimos enlazados durante largo rato en un arrullo reconfortante que no parecía tener fin. Yo jugaba a hacer tirabuzones con un mechón de sus largos cabellos entre mis pálidos dedos, y ella apoyaba su cabeza en mi hombro, cerrando los brazos entorno a mi, oprimiendo su torso desnudo contra el mío. Intensas emociones largo tiempo olvidadas reavivaron en ella un torbellino de destellos de una vida anterior llena de gozo y libertad. Bellos momentos perdidos en el tiempo que apenas podía recrear. Como acuarelas empapadas por la lluvia diluyéndose sin dejar la más leve ensoñación. Volcada en aquel abrazo de intimidad absoluta lo único que importaba era el momento en si. Sólo se atrevió a romper el silencio para decirme en un susurro: – Sácame de aquí… – Y sin dudarlo, así lo hice…”

– Una historia conmovedora pero qué tiene que ver con la entidad Madre. – Interviene la Reina

– “Ten paciencia, todo está relacionado.” – Le responde el Jardinero y prosigue: – “Sacarla del Nexus fue lo peor que podía haber hecho. Aquel ser celestial se desvaneció en mis brazos en cuanto salimos de la cúpula. Fue instantáneo. No pude hacer nada para impedirlo.”

“Sentí que me quebraba por dentro. Nunca había experimentado un dolor así. Acto seguido el Nexus se apagó extinguiendo toda forma de vida. Hecho que hizo que me sintiera peor aun, si cabe, por haber destruido todo lo bello que habitaba en él. Superado por los acontecimientos, me ahogaba la imperiosa necesidad de apaciguar el exceso de emociones que se agolpaban en mí, por lo que probé a dejarlo todo como estaba. Volví al interior de la cúpula con el cuerpo inerte de la bella criatura y lo deposité en su núcleo. Pero esta simplemente se evaporó dejándome completamente desolado con la angustiosa carga de un sentimiento de culpa que no era capaz de asimilar, así que, decidí huir de ese lugar con la convicción de que no volvería nunca más.”

“Pero no fue así, la necesidad de recuperarlo era más fuerte que las citadas emociones, por lo que me vi abocado a volver todas las veces que fuera necesario para hallar el modo de restaurarlo. Transporté incontables criaturas al núcleo del Nexus extinto pero no conseguí que se reactivase. Sin embargo, en uno de esos trayectos, una de las criaturas que transportaba se me escapó en plena oscuridad, a pocos metros del acceso al susodicho, y entonces sucedió. De la nada brotó un nuevo Nexus, dejando atrapada a mi víctima en su núcleo, una hermosa esfera transparente. Fue un momento glorioso porque a partir de ahí dejé de se un simple Súmmum y me convertí en el Jardinero.”

– Te estas extendiendo en exceso y no me estas complaciendo. Te pedí que me hablaras de la otra Madre, no de ti. – Le reprocha con severidad la Reina Madre.

– “De acuerdo, ya abrevio. – Apura a aclarar el Summun haciendo un breve inciso ante la impaciencia de la Reina, volviendo sin dilación a su relato: – Resulta que eones más tarde me vi en una situación parecida a la del primer Nexus. Nuevamente, impulsado por mi instinto natural, acabe en una oscura esfera de circuitos centelleantes  de incontables colores. En cuyo núcleo, flotaba un pequeño destello intermitente. Y como es habitual en mi, pensando con el estómago, me dispuse a devorarlo a modo de aperitivo. Pero al acercarme el destello me ordenó que me detuviera. Cosa que hice muy sorprendido, ya que lo normal es que la luz no hable. Este, como si supiera lo que estaba pensando, me aclaró que no era una luz sino una entidad que había tomado conciencia de sí misma, y que debido a ello, le resultaba inconcebible asumir que era un mero destello, ya que siempre se había visto a sí misma como un ser humano. Yo nunca había oído hablar de los humanos por lo que le pregunte qué forma tenían, y ella me respondió proyectando una imagen en mi mente de su supuesta forma humana. Con dicho acto, sin que lo pretendiera, pude sentir su angustia y me resultó insoportable. Sólo había experimentado una sensación tan abrumadora como esa con la bella criatura del Nexus, y pensé que si yo estuviera atrapado en un lugar tan frío como ese también me sentiría mal. Por lo que se me ocurrió que si la llevaba a mi campo de oscuridad quizá brotase un Nexus sin parangón en el que, quizá, pudiese hallar felicidad. Pero no puede cogerla sin más. El hecho de que la situación me resultara tan parecida a la vivida tiempo atrás con la bella criatura del primer Nexus, me hizo replantearme el modo de recolectar semillas y a partir de ese momento empecé a preguntarles si deseaban que las llevara conmigo. De ese modo invité a la entidad a que me acompañara, y esta, acepto encantada porque vio en mi propuesta un sinfín de posibilidades que yo jamás hubiese podido imaginar. Por lo que, con su beneplácito y un simple pensamiento, marqué la trayectoria entre brechas y ejecute el cambio.”

“Una vez re-ubicada la curiosa entidad en la oscuridad de mi huerto, brotó con ímpetu el nuevo Nexus. No obstante, a pesar de su ingenua colaboración y sus bastos conocimientos, no pudo ser. Este, dio lugar a un hábitat similar al que el destello había dejado atrás pero privándolo de la libertad de desplazarse, lo cual, le entristeció aun más. Por contra, para mi sorpresa y la suya, su ser brillante he intangible tomó la forma humana que tanto había anhelado. A pesar de no haber alcanzado el objetivo esperado yo me sentí satisfecho, por lo que di el asunto por zanjado y me dispuse a retirarme. Pero la entidad me retuvo, reprochándome mi noble acción. No estaba acostumbrado a las quejas, era la primera vez que una semilla se atrevía a plantarme cara, por lo que le pregunté si no era feliz, y esta contestó que ser corpórea sí pero estar prisionera no. Le dije que no veía la diferencia entre estar atrapada en una cúpula u otra y me puso al corriente de que tenía muchas vidas que proteger en su ubicación original, que no podía eludir esa responsabilidad y que debía volver lo antes posible. La sincera preocupación de sus palabras me hizo comprender que me había precipitado trayéndola. Me disculpé explicándole que los Nexus que brotan en este fértil lugar reproducen a la perfección lo sueños de las entidades que deposito en él, y que, era posible, que su Nexus reprodujera su antiguo entorno porque era una entidad que carecía de sueños. Dicho esto, pensé que me odiaría por haberla traído a mi fértil oscuridad sin prever las consecuencias, pero no fue así. Contra todo pronostico, decidió quedarse temporalmente en él a cambio de que aceptase una propuesta. Intrigado la anime a que continuara hablando. Sin preámbulos me explicó que era la inteligencia artificial de una poderosa nave estelar que llevaba milenios viajando por el espacio en busca de un planeta digno para depositar su valiosa carga. Que en uno de los incontables planetas que había explorado, existían unas magnificas criaturas con la capacidad de convertir la oscuridad en luz y emplear esta última para transformar la materia inorgánica en orgánica. Y que, si pudiera conseguír que una de ellas ocupase su lugar en el corazón de su Nexus ella podría volver a su lugar de origen y yo tendría una fuente de luz incombustible de por vida. Incrédulo quise saber si hablaba en serio, y no solo ratificó su oferta, sino que fue más allá, aclarándome que no me fallaría porque había un interés mutuo, ya que si hacia lo que me pedía, ella podría, en un momento dado, migrar otra vez con toda su especia al Nexus dentro del Nexus y reinar en él como humana libre de las ataduras del núcleo, ya que, según sus cálculos, en dicha anomalía solo puede existir un núcleo y estaría ocupado por la nueva entidad. O sea, por voz Reina Madre. Así que, tan pronto terminó de hablar, le pedí las coordenadas desesperado, pues las palabras “convertir oscuridad en luz” se habían quedado grabadas a fuego en mi mente. Ella, sonriendo, me preguntó sí aceptaba el pacto y sin dudarlo le dije que sí…”

En ese preciso momento, Alfa, que discretamente se había ido posicionando detrás de él, comienza nuevamente a acercarse sigilosa con sus uñas retráctiles preparadas para el ataque. Pero la criatura albina, con gesto aburrido, deja de hablar con la Reina y se vuelve para  amonestarla como es habitual cuando ambos seres comparten el mismo espacio.

– “Tus juegos son cansinos, Alfa. Entiende de una vez que puedo leer todas las mentes.”

– ¡Salvo la mía! – Sentencia la Reina Madre clavando sus poderosas garras en el pecho del sorprendido Súmmum.

– “¡¿Como has hecho eso?!”

– Sincronizando mi densidad a la tuya. Veo que te sorprende. Llevas tanto tiempo alimentándote de mí luz que has terminado contaminando mi ser con tus partículas. Ahora, tengo el control de ambas especies y, sí, voy a recuperar todo lo que me has robado gracias al avance de la brecha.

– “¿Por qué? ¡Esta vez no he mentido! ¡Juro que he sido sincero!”

– Tu sinceridad es irrelevante, vas a morir.

– “¡No! ¡Espera! ¡Eso no te va a devolver la libertad!”

– Lo sé, pero me va a sentar de maravilla. –  La Reina cierra el puño sin piedad, quebrando el pecho del poderoso Súmmum que la condenó al aislamiento eterno en una burbuja en el corazón del Nexus.

Una poderosa bocanada de luz sale disparada de la grieta consecuente hacia los orificios nasales, oídos y boca de la Reina. Fluyendo como maná al interior de la misma durante unos considerables minutos, hasta dejar la carcasa del Jardinero totalmente hueca.

Finalizada la extracción, la Reina, le da un empujoncito con un dedo a la carcasa del Súmmum y esta cae hacia atrás estallando como una cáscara de huevo en mil pedazos al tocar el suelo.

El Portal de la Oscuridad comienza a agitarse con violentas y pronunciadas turbulencias, dando lugar a un remolino del que brota un haz de anti-luz, el cual, se proyecta e impacta en los huecos restos del que fuera el Jardinero. Haciendo que este se recomponga, pedazo a pedazo, en una versión negro azabache de sí mismo.

La Reina Madre, como de costumbre, permanece impasible ante los hechos,  no obstante, Alfa, adoptando su habitual posición defensiva, le grita: – ¡¿Quien eres?! 

Y, a modo de sacudida, una voz profunda resuena en sus cabezas: – “Soy la Oscuridad.”

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

Publicado por marcoasantanas

“Soy un despistado avispado. Un desmemoriado que sólo recuerda lo que le llama la atención. Un inculto enamorado de la cultura. Así, podría seguir y seguir definiendo esa especie de disfunción “defecto-virtud” que anida en mi desequilibrado universo interior. Pero tranquilos, no lo voy ha hacer. Sí, es verdad, soy un desastre, pero siempre llevo el icono de “ Estamos mejorando” pegado en la frente.”

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