Allí Donde Nacen Los Sueños 14


Capítulo 14

Los Doce Portales

Luz cegadora. Con un destello incandescente se abre el Portal de la Luz en la esfera de la Reina Madre. Siendo atravesado por un Súmmum fuera de sí interrogando: – «¡¿Quién es ese farsante que ha osado entrar en mi reino haciéndose pasar por uno de mi especie?!…«

La Reina Madre que en esos momentos se deleita observando a la niña pelirroja reposar en su regazo se limita a mandarlo a callar con el dedo índice en los labios: – Ssss… no despiertes a la pequeña.

Dicha respuesta desconcierta al Súmmum por inesperada, consiguiendo que este se cohíba y haga una pausa. Así, sin darle tiempo a recomponerse, la Reina Madre añade:  – Este no es tu reino Jardinero. Me tienes presa pero no subyugada. La que lleva el control aquí soy yo. Este reino del que tanto te enorgulleces es mi reino, no el tuyo. Surgió gracias a mi presencia. Tú, criatura mezquina, solo eres un parásito oportunista que se aprovecha de la circunstancia, nada más.

«Oh venga, te salve de una muerte segura.» – Le hecha en cara el Súmmum.

¡No! ¡Me vendiste por un poco de luz!  – Le reprocha la Reina Madre.

En vista de la tensión que genera el inesperado reencuentro ambos callan sin dejar de mirarse, conscientes de que no les conviene enemistarse. La Reina Madre tras coger aire y recuperar la compostura reanuda el debate: – Sabes que no quiero verte. Así que abrevia. ¿Qué es lo que quieres?

«Quiero saber quién es ese individuo y por qué tu hija le está ayudando.«

No me dedico a seguir a ninguna de mis hijas. Cada una hace lo que debe hacer. 

«Es irritante no saber lo que piensas. Cuando creaste el Nexus dejé de oírte. ¿Por qué no me dices quien es él? Viajan juntos, se desplazan usando los senderos del Portal del Espacio. Nadie los puede usar sin que tú te percates de ello.«

Efectivamente, sé que están viajando juntos por los senderos del Portal del Espacio, nunca lo he negado, pero no sé quién es él y francamente, no me importa. Ya tengo bastante con mantener el equilibrio en este universo.

«Está bien, pensé que por se tu hija estarias al corriente de todo.«

Pues ya ves que no. Entiende que tengo cientos de hijas, no podría saber lo que hace cada una de ellas aunque quisiera.

«Lo comprendo.«

¿Por qué es tan importante para ti?

«Porque me huelo que traman algo y no quiero que nadie estropee mi pacto con la otra Madre. Es una cuestión de instinto de supervivencia. Simple y llanamente.«

Pues no esperes que yo te ayude. Por la cuenta que me trae, si descubro algo no voy a decírtelo. Ahora vete.

«Vale, ya me voy. Eres demasiado arisca.» –Dicho esto, se va saltando al interior del citado Portal del Espacio.

¿Ese era el hombre malo que te encerró aquí? –Pregunta la niña.

¡Hey! ¿Cuánto tiempo llevas despierta?

Un rato. ¿Es verdad que siempre sabes quien y cuando usa una de estas fuentes?

Portales, son portales, y sí, siempre lo sé.

Entonces, si mi mamá usase uno ¿sabrías dónde está?

Sí, lo sabría.

¡Bien! ¿Me ayudarías a encontrarla?

Por su puesto pequeña. Pero he de advertirte que eso tiene un precio.

¿Que precio? 

Para recuperar a tu madre primero debes renunciar a ella. Sé que no es lo que esperabas pero es el único modo de que ambas podáis volver a estar juntas. 

No lo entiendo. –Responde la niña con un leve sollozo en la voz y los ojos llorosos.

La Reina, conmovida, la abraza para consolarla: – No llores pequeña mía. Deja que te explique. Te dejé entrar en la esfera porque sola en la oscuridad no hubieses sobrevivido mucho tiempo. El problema es que para salir has de usar uno de los 12 portales y volvemos al mismo problema, eres demasiado pequeña para viajar por ellos sola.

¡Ven tú conmigo! –Propone la niña con entusiasmo.

La Reina sonríe con ternura y continúa hablando: – Nada me gustaría más que cruzar los portales contigo pero como ya te he contado, no puedo. Yo soy la pieza que une las partículas de este universo. En su momento lo intenté hasta quedarme sin fuerzas y no lo conseguí.

Oh, lo siento. Pero si tu no puedes ¿quién me llevará?… ¿Y esos portales?… ¿Que hay tras ellos?… ¿Mi mamá está ahí?…

Calma pequeña. Cuantas preguntas. Déjame que te hable de los portales. El de la Oscuridad ya lo conoces, entraste en la esfera por él. El que le sigue es el de la Luz pero solo sobreviven en él las criaturas Súmmum. Luego tenemos el Portal de la Vida. Este si lo puedes cruzar sola pero te enviaría de vuelta al cuerpo que dejaste en tu mundo de origen dejando a tu mamá atrás. El cuarto es el de la Muerte, y como su nombre indica si lo cruzas mueres. El quinto es el Portal del Tiempo. Este nos interesa. Luego volvemos a él. Nos quedan el Portal del Espacio. Muy útil para desplazarnos en el Nexus, pero poco práctico para llevar a cabo nuestros fines. El Portal del Bien y el Portal del Mal. Estos afectan a tu personalidad. Pueden hacer de ti una persona adorable o un monstruo repulsivo, todo depende de cual cruces. Y para finalizar los cuatro portales de los elementos. Tierra, Agua, Fuego y Aire. Cruzarlos por separado es una muerte segura pero cuando se alinean pueden enviarte a cualquier planeta en el que estos coexistan.

– Uf, es muy difícil de recordar. Son muchos portales. 

– No te preocupes. Ya lo iras aprendiendo. Aún eres muy pequeña. Te diré lo que vamos a hacer. Entrarás en el Portal del Tiempo con una de mis hijas. Esta cuidará de ti hasta que cumplas quince primaveras, entonces te traerá de vuelta y te enseñaré a usar los portales para que puedas recuperar a tu madre.

– Pero eso son muchas primaveras. Mi mamá me olvidará.

– El tiempo es irrelevante en el Nexus. Confía en mí. Todo saldrá bien.

La niña suspira y tras meditarlo un instante responde con resignación: – Bueno, si con ello recupero a mi mamá lo haré.

La Reina Madre alza una mano y chasquea los dedos. Y en un segundo una mujer de piel negra azabache y cabellos verdes entra en la esfera por el Portal del Espacio: – En que puedo servirte mi reina.

Quiero que entres con esta niña en el Portal del Tiempo, retrocedas unas dieciséis primaveras y os integréis con el primer enjambre que encontréis.  Pase lo que pase cuida de ella, enséñale nuestras costumbres y cuando cumpla quince primaveras me la traes de vuelta. Pero cuidado, no la traigas justo a este instante. Quiero reencontrarme con ella una primavera antes del momento en el que ahora nos encontramos…

Pero si haces eso tú no sabrás quien soy – Interrumpe la niña. 

Si que eres lista pequeña. Me encanta que seas así. No cambies nunca. A ver como te lo explico. Al convertirme en el núcleo del Nexus no solo quede prisionera en esta esfera, sino que además quede atrapada fuera del tiempo. En estos instantes me estoy despidiendo de ti, y a la vez, te estoy dando la bienvenida.

No lo entiendo. –Se queja la niña pero la Reina Madre solo le sonríe antes de volver a dirigirse a su hija: – ¿Te ha quedado claro cual es tu cometido?

Sí, mi reina. Así se hará. – Dicho esto, la mujer de piel negra azabache y cabellos verdes se acerca a la niña, la coge con cariño de la mano y haciéndole un guiño se dirige con ella al Portal del Tiempo y lo atraviesan juntas.

En un parpadeo la niña se ve en una esplendorosa y tupida plantación de fabulosos y dorados girasoles gigantes. Sobrevolado por enjambres de criaturas de alas verdes iguales a la hija de la Reina Madre. Comprendiendo esto, la niña se gira y le pregunta: – ¿Y tus alas?

La mujer la mira sonriente y hace brotar de sus omoplatos unas ramificaciones que se distribuyen en un entramado perfecto. Sobre el cual, se despliegan y afianzan un conjunto de membranas que dan lugar a dos enormes alas, similares, en forma y color, a dos gigantescas hojas de parra. La niña maravillada no puede evitar hacer una exclamación de asombro: – ¡Valla! Que bonitas. –Luego le pregunta:– ¿Cómo te llamas?

Mi nombre es Alfa pequeña. Y tú ¿cómo te llamas?

No tengo nombre. A mi mamá no le dio tiempo de ponerme uno.

Tu piel a adoptado un tono sutilmente más oscuro que el resto de nosotras, por ello a partir de ahora te llamaras Ébano.

La niña sorprendida se mira y efectivamente el tono de su piel y el color de sus cabellos ahora son como los de su acompañante: – ¿Que me ha pasado?

Nada fuera de lo previsto pequeña Ébano. Ahora eres una Melífera.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

Publicado por marcoasantanas

“Soy un despistado avispado. Un desmemoriado que sólo recuerda lo que le llama la atención. Un inculto enamorado de la cultura. Así, podría seguir y seguir definiendo esa especie de disfunción “defecto-virtud” que anida en mi desequilibrado universo interior. Pero tranquilos, no lo voy ha hacer. Sí, es verdad, soy un desastre, pero siempre llevo el icono de “ Estamos mejorando” pegado en la frente.”

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