Amar Sin Esperar Nada A Cambio


“Amar sin esperar nada a cambio”

No sé a quién se le ocurrió esta frase tan idílica. Yo discrepo en mi fuero interno cada vez que la leo o la oigo. Ya que entiendo que el que ama siempre espera ser correspondido. En caso de no serlo, deja de ser amor y se convierte en desamor. El desamor es la antítesis de la frase que cuestiono. Algo así como “amar esperando algo a cambio”. O sea, no ser correspondido. Y la verdad sea dicha, no ser correspondido es vivir con el alma rota, es sufrir dolor en estado puro, es morir en vida. No exagero, tienes que vivirlo en tus propias carnes para saber de qué hablo, y es que, lamentablemente, sólo aquellos desafortunados que se han visto avocados a padecer la destructiva decepción e impotencia que genera dicha emoción pueden llegar entender lo que describo. Es una experiencia tan dolorosa como la pérdida de un ser querido. Imagino que los químicos “causa-y-efecto” que actúan en nuestro cerebro controlando nuestras emociones, de algún modo, se ocupan de ambas situaciones de la misma forma.

Dar amor sin esperar nada a cambio cansa, desgasta, erosiona el espíritu y hace que la entidad amada se acomode a recibir sin dar nada a cambio. Para qué molestarse en amar si siempre va a ser amada. Es curioso que se considere egoísmo a la necesidad biológica de ser correspondido, cuando la actitud del que recibe sin dar nada a cambio desborda egocentrismo a mansalva. Es por ello, que el que da amor sin esperar nada a cambio, se ve abocado a realizar un acto acrobático de puro masoquismo psicológico, pues por mucho que quiera cumplir con la dogmática premisa que nos atañe, al final, la ausencia de afecto por parte del ser amado mina el altruismo alocado que le empuja a entregar su amor incondicional. Por lo que termina cuestionando los supuestos sentimientos que el ser amado le procesa. Y ¿quién quiere vivir así, en una perpetua flagelación mental por hallar la esquiva razón por la cual la entidad amada no nos corresponde en igual medida? De veras, es absurdo, mires como lo mires, la frase es resultóna pero poco efectiva.

El amor hay que ganárselo. Quid pro quo («algo por algo») Do ut des («doy para que des») Give and take («dar y recibir») This for that («esto por eso») etc. Y es que, digan lo que digan, el amor incondicional es una utopía. Todos, en mayor o menor medida, esperamos algo de los demás y el que diga lo contrario miente descaradamente. Pues el auténtico amor, a mi modo de ver, es un acto de reciprocidad. Es un intercambio de gestos, de caricias, de detalles. Es contar uno con el otro, es saber que no estás solo, es estar en comunión con otra alma, es sentir tu vida llena, en resumen, es dar y recibir.

El filósofo José Antonio Marina, define el amor como un sentimiento que satisface dos necesidades distintas, la necesidad de contar con otra persona y la necesidad de otra persona de contar con nosotros. Nos dice que éste empieza cuando nos percatamos del atractivo de alguien, y dicha percepción, despierta nuestro deseo bajo la forma de un interés desmesurado. Que dicho deseo crea una tendencia a la posesión que nos lleva a gozarnos en la susodicha, experimentando un sentimiento de alegría cuando el objeto de nuestro amor está presente, y de dolor cuando está ausente. Finalmente, aclara, que además el amor para ser auténtico debe conducir a la valoración del ser amado, a la afirmación de nuestra existencia a través del otro y al deseo de que el otro sea feliz. 

Concretando, Marina J.A nos está diciendo desde un punto de vista psicológico, que el amor es reciprocidad, sexualidad, exclusividad-control, autorrealización y altruismo. Aun así, siempre habrá quien esté en desacuerdo conmigo y lo respeto. Todo en esta vida es susceptible de ser llevado a debate. Pero en lo que se refiere a mi modo de sentir, el que ama ha de obtener algo a cambio para que dicha emoción tenga una razón de ser. Ya que el amor solo puede existir si es correspondido. En caso contrario, estaremos hablando de desamor y, como acabo de exponer, no es lo mismo.

Se está procesando…
¡Bien! Ya estás en la lista.

Allí Donde Nacen Los Sueños 17


Capítulo 17

El Sendero De Las Almas

Aquí, en el Nexus. Fuente primigenia de toda forma de vida. Inverosímil lugar de tránsito en el que confluyen todas las almas que abandonan su mortaja. Ébano, Eva y yo, Damián, salimos proyectados contra un duro y polvoriento suelo, desde lo alto de la oscura boca de una gigantesca cabeza demoníaca esculpida en una enorme pared vertical de roca caliza.

¡Uf! Estos saltos en el espacio son cada vez más agotadores. – Les hago saber a mis compañeras apartando con la mano el polvo en suspensión que hemos generado con nuestra llegada.

¡No alcéis la voz! Esta zona es propiedad del mal. – Nos alerta Ébano, alzándose del suelo con agilidad y adoptando una posición defensiva. Así, luciendo sus afiladas uñas retráctiles, mira en todas las direcciones con el fin de anticiparse a posibles ataques.

Eva y yo, guardamos silencio tumbados aún en el suelo, receptivos a sus movimientos. El lugar en el que nos encontramos es árido, frío y rocoso. En la distancia se aprecian algunos arbustos de tronco oscuro y hojas negras como única vegetación. Impera una corriente de aire gélido que parece susurrar en los oídos un cántico sostenido en tono bajo profundo. Y se aprecia un ligero temblor del suelo, como si lo estuviesen perforando por debajo.

Lo propio sería marcharse lo antes posible de este lugar, pero este ha sido un salto prolongado en el tiempo. Estoy exhausta, descansaremos por aquí. ¡Síganme!.

Eva se pone en pie, y yo intento hacer lo mismo, pero las piernas me fallan y vuelvo a caer en el polvoriento suelo. 

– ¿Que te sucede? – Me pregunta Eva agachándose para ayudarme.

No lo sé, de repente me he quedado sin fuerzas. Le respondo preocupado.

Deja que te ayude. – Dise Ébano, cogiéndome como si fuera de papel y cargándome en su hombro hasta una pequeña gruta oculta entre unas enormes rocas, algo apartadas de la imponente pared vertical de piedra caliza.

Ya tumbado en el citado refugio, Ébano, se sienta en la entrada a montar guardia y Eva, se tumba a mi lado, me besa en la mejilla y me abraza cerrando los ojos. Yo hago lo propio, dejándome arrullar por el susurro de las corrientes de aire y su cántico sostenido en segundo plano, de ese modo soy arrastrado por el sopor del cansancio a un profundo sueño.

Oscuridad, de pronto he vuelto a la oscuridad. Suspendido en el vacío, oigo susurros plagados de palabras que inducen al sosiego. Dichos susurros, se tornan voces que con inquietante amabilidad me invitan a sumergirme en el olvido. Sin embargo, no consiguen persuadirme. 

Molestas con mi actitud, se sincronizan, aumentan el tono y perseveran en su intento de hacerme sucumbir a sus deseos. No obstante, yo, igual de perseverante, me sigo resistiendo. Por lo que éstas, en concordancia con mi nivel de oposición suben una octava y se tornan imperativas. Pero aún así, me mantengo firme. 

Suben otra octava. Pasan de hablar a gritar perdiendo la sincronización. Pisándose unas a otras en un galimatías frenético y ensordecedor, pasando del acoso verbal a la intimidación en cuestión de segundos. Me invade la necesidad de taparme los oídos, pero de poco sirve, estas brotan de lo más recóndito de mi cabeza.

Experimento una intensa sensación de descenso, y en el proceso, la algarabía de gritos que acribillaban mis tímpanos, disminuyen el volumen, dando paso al silencio más absoluto. Un silencio sólo quebrado por una voz casi inaudible pero familiar que me grita: – ¡Detente Damián! ¡Detente! –

Con el eco de esas palabras retumbando en mi cabeza vuelvo en mí con extrema lentitud. Abro los párpados y, de súbito, todo se acelera frenético, bombardeándome con cientos de imágenes producto del pasado y del inverosímil presente que me está tocando vivir. 

Despejada mi visión, me encuentro perplejo e inestablemente de pie, justo a un paso de entrar en la oscura boca de la gigantesca cabeza demoníaca esculpida en la pared vertical de roca caliza.

¡Detente! ¡No des ni un paso más! – Me grita Ébano con desesperación.

¿Que a pasado? – Pregunto desconcertado haciendo amago de volver a desplomarme, momento en el cual, Ébano, cogiéndome con sus poderosos y bellos brazos, evita que caiga de bruces en la oscura boca del demonio esculpido y me aleja con presteza del peligro.

La Oscuridad te estaba reclamando. Durante un breve espacio de tiempo habitaste en ella y cree que le perteneces. Pero si hubieses entrado en ese portal ahora estarías poseído por la maldad más absoluta.

¿Por qué? – La interrogo sin acabar de entender lo que me está pasando.

Porque esa es una entrada al Portal del Mal. – Me responde muy segura de sí misma.

¡Pero si acabamos de salir de ahí! – Insisto incrédulo.

Efectivamente, una cosa es salir y otra muy distinta entrar. Soy la mejor de mi especie en el uso de Los Doce Portales. He dedicado toda mi vida a entenderlos. No digo que no puedan darme algún susto. Nada es predecible. Pero sí puedo asegurar que puedo usarlos con cierto grado de seguridad. Ahora, si no me crees, puedes seguir adelante, yo no estoy aquí para anteponerme a tus deseos, solo intento ayudarte. – Me aclara Ébano antes de ser interrumpidos por un grito de Eva proveniente de la gruta.

Raudos corremos a socorrerla. Encontrándola apresada por dos Súmmum que se la disputan tirando en sentidos opuestos de cada uno de sus brazos.

¡Deprisa! ¡Este lugar está plagado de esas incómodas criaturas! – Me insta Ébano mientras se abalanza sobre uno de ellos. Atravesándolo, tal cual espíritu, y colisionando contra una de las paredes de la gruta. 

Yo sacando fuerza de la flaqueza tardo más en llegar. Pero una vez tengo a una de esas criaturas a mano, sin dudarlo, lanzo mi puño contra su cara movido por una desequilibrada necesidad de proteger a Eva. Para mi sorpresa, mi puño feroz se clava en la cara del Súmmum, estallándosela literalmente en mil pedazos. Sobrecogido intento retirarlo pero no solo no lo consigo sino que además su cráneo maltrecho empieza a agrietarse al igual que una cáscara de huevo. Por sus grietas se filtra una luz cegadora que de imprevisto comienza a introducirse en mis orificios nasales, boca y oídos, cargándome de una poderosa energía y haciéndome sentir como no me había sentido nunca.

Absorbida hasta la última partícula de luz del Súmmum, este, se desploma al suelo rompiéndose en mil pedazos. Siendo testigo de esto, el otro Súmmum, suelta a Eva de inmediato dándole un violento empujón que la hace caer al suelo y huye aterrado abriendo una brecha en el plano de esa realidad.

Sin salir de mi asombro observo mis manos que aún destellan luz, luego, sin pausa, atiendo a Eva ayudándola a incorporarse e interesándome por su estado. Ella complacida me lo agradece con un beso mientras me pregunta: – ¿Cómo has podido hacer eso? Yo intenté golpearles varias veces pero no pude. Eran intangibles.

Lo sé. No entiendo qué ha pasado – Le aclaro en lo que me acerco a Ébano que aún se está recuperando del batacazo y le pido explicaciones: – que hay cosas que no me has contado. Una de esas criaturas me dijo que solo los Súmmum pueden transportar almas y está claro que tú no eres una de ellos. Así que sigo sin entender cómo has conseguido traerme aquí. Entiendo que intentas protegerme pero ocultándome la verdad complicas más las cosas.

La bella criatura se sacude el polvo y mirándome a los ojos con sus pupilas de rojo encendido asiente con la cabeza y comienza a hablar: – Tienes razón, mereces una explicación. Pero antes hemos de partir. El tiempo apremia y viendo que vuelves a estar en forma no veo motivo para permanecer aquí exponiéndonos a más peligros.

Teniendo en cuenta lo vivido no pongo objeción alguna a su propuesta. Por lo que nos sacudimos el polvo una vez más y acto seguido nos ponemos a andar a paso ligero con Ébano a la cabeza marcando el ritmo.

Una vez alejados de la zona de peligro. Ascendiendo por un sendero escarpado donde la brisa nos golpea implacable, Ébano, comienza a hablar: – No creas todo lo que te cuenta un Súmmum, tienen una visión distorsionada de la realidad. Hacen extensible a toda su especie sus confusas experiencias personales. Siempre puede haber algún hecho o cualidad que sea común a todos, pero por lo general sus mentes son un compendio de muchas mentes. Un auténtico caos de ideas. Ten en cuenta que se alimentan de fragmentos de lo que otras criaturas sueñan.

Llegamos a un cruce, hace una pausa y sopesa un segundo que rumbo tomar antes de reanudar la marcha.

¿Recuerdas cuando combatí y extermine a aquella Melífera y a su vástago en la frontera de los Campos? Quizá no lo recuerdes porque tu presencia en el Nexus era muy reciente. El caso es que tuve que acabar con ella, muy a mi pesar, porque se había contaminado. Los Súmmum, son una enfermedad, una plaga que azota al Nexus. En realidad solo son una mera aglomeración de partículas de oscuridad reclamando un espacio que consideran suyo. Debido a esa frustración su virulencia hacia todo aquello que es contrario a las sombras está acabando con este mágico lugar. Recuerda que lo que salió del huevo que puso mi congénere era una criatura alvina. Así esterilizan nuestros vientres para que no sigamos propagando nuestra especie y, a la vez, aprovechan para propagar la suya por el Nexus. Como comprenderás no tenía alternativa.

Se vuelve a detener en seco alzando la mano e indicándonos que no nos movamos. Yo, la verdad sea dicha, no veo ni oigo nada, pero si esta bella criatura de cabellos verdes y ojos color rojo encendido dice que hay que detenerse y guardar silencio, lo hago sin rechistar. No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que es una superviviente.

Nuevamente reanuda la marcha haciéndonos entender que ha sido una falsa alarma. 

Supongo, Damián, que te estás preguntando por qué te cuento todo esto. Te va a sonar un poco surrealista. El caso es que me expuse voluntariamente a las partículas de oscuridad con la intención de que me contaminaran. La idea era contener tu alma en un receptáculo lo suficientemente resistente como para atravesar los portales adecuados sin que se quebrara y así poder traerte sano y salvo al Nexus. Y como tu presencia aquí indica, tal cual la lleve a cabo. Una vez de vuelta, busque un refugio lejos de los campos y los enjambres e hice lo propio. Puse el letal huevo que me esterilizo sabiendo que de él surgirías tú, protegido bajo la albina costra de un Súmmum. Todo esto no ha sido un acto alocado de improvisación, al contrario, ha sido un plan minuciosamente elaborado. Fruto de cientos de fracasos. Al final no vi otra alternativa, más que la de arriesgarme a ser despreciada y sentenciada a muerte por el pueblo que gentilmente me acogió en su seno e hizo de mí lo que ahora soy. Aclarado todo, admito que te debo una disculpa. De veras que lo siento. A causa de lo que hice tus partículas han mutado. Debí prever que cruzarlas con las de un Súmmum acarrearía consecuencias, pero es que la inesperada desaparición de Madre me brindó una oportunidad perfecta para rescatarte y no la podía dejar pasar.

– ¿Cientos de fracasos? Ébano ¿Cuantas veces intentaste salvar mi vida? – Le pregunto temblando como un flan conteniendo un abrumador ataque de pánico.

Lo dicho, Damián, cientos de veces y en todas fracasé, salvo en esta. No sé si sabrás perdonarme. – Me responde bajando la mirada avergonzada.

No tienes que avergonzarte pequeña, has hecho más de lo que podías. – Interviene Eva apoyando su mano en el hombro de Ébano en señal de agradecimiento. Después, volviéndose hacia mí, me da un reconfortante abrazo. Pero aun así no puedo liberarme de la sensación de pánico que me domina: – ¿Entonces he muerto y vuelto a nacer cientos de veces?

Sí, se podría ver así. – Aclara Ébano acercándose a nosotros y apartando la melena de mi cara para que pueda ver con claridad su bello rostro y continúa diciendo: – Mira, Damián, desconozco la causa, pero en un momento dado se corrompieron los protocolos de el Pilar del Cielo, afectando a todo un sector de la cámara de renovación. Madre, detectó el problema con tu primer nacimiento, y por motivos que desconozco parcheo el problema condenandote a un eterno ciclo de muerte y resurrección. Porque mientras tú existieras el sector de la cámara de renovación con los protocolos corrompidos no se activaría.

¿Y tú cómo sabes todo eso? – Le interrogo con cierta suspicacia. Pero ella me sonríe y aclara: – Porque mi Reina Madre así me lo contó. Yo no tengo todas las respuestas Damián. Como tú, solo soy una pieza más en este complejo puzzle. Se me encomendó traerte aquí, y con mucho sacrificio y esfuerzo lo he hecho. – En esto, Ébano se detiene en seco y exclama con satisfacción: – ¡Ah, mirad cuanta belleza! ¡He ahí El Sendero de las Almas!

Eva y yo, nos detenemos maravillados ante la divinidad de la estampa que se muestra frente a nosotros. En la distancia, casi abarcando todo el campo de visión, un gigantesco insecto de fulgurantes llamas rosáceas se mantiene suspendido en el espacio agitando sus dos enormes alas. Mientras, de su boca, brota un fabuloso sendero de luz que, recorriendo un pomposo firmamento plagado de destellos lumínicos, se pierde, transportando indistintamente infinitas almas de mujeres, hombres y niños procedentes del temido Portal de la Muerte, y los deposita en una enorme brecha más cercana a nosotros, de la que emanan calurosos destellos que fluctúan entre tonalidades amarillas y naranjas, engullendo, una tras otra, todas las almas que el sendero transporta.

¡Bien! ¡Es hora de volver a casa! – Comenta Ébano con entusiasmo, mientras, Eva y yo, nos cogemos de la mano con el corazón rebosante de esperanza.

Se está procesando…
¡Bien! Ya estás en la lista.

Allí Donde Nacen Los Sueños 16


Capítulo 16

La Ira De San

Oscuridad, la Sra. Santa solo ve oscuridad. Y en ella, la voz de San se abre pasa imponiéndose sobre las desasosegadas voces de su séquito de Harimaguadas: – En nada estaré contigo, querida. – Le avisa con malévolo entusiasmo, mientras ella, aún sabiendo en lo más profundo de su ser que no tiene escapatoria, lucha por hacer frente a la situación.

¡Sra. No se desvanezca! ¡Déjenos llevarla a la cámara de renovación! – Le pide con preocupación su seguidora de confianza. Por lo que haciendo oído a su reclamo se insta a complacerla. Con un gran esfuerzo se medio incorpora pero al segundo cae apoyando involuntariamente su cabeza en el regazo de esta. Aun así, respirando con dificultad, abre bien los ojos y lejos de rendirse pelea contra sí misma por mantenerse consciente. Sabiéndose acabada decide echar un último vistazo al dulce rostro de la joven que tanto la admira y le pregunta: – ¿Cómo te llamas?

Esperanza, mi Sra. – Le responde la joven atónita por su inesperado interés.

Ah, que bello y oportuno nombre. Escúchame bien, Esperanza, no sé si podré salir de esta… 

 Lo hará, mi Sra., como lo ha hecho siempre. – Se apresura a decir la joven.

– No pequeña, aunque mi cuerpo se vea joven mi mente es muy vieja. Te sorprendería saber cuánto tiempo he vivido. Estoy cansada. Ya no puedo prolongar más mi existencia. Mi cuerpo ha colapsado y cuando eso pasa, sea por la razón que sea, no se puede renovar. Simplemente, es hora de morir.

¿Morir?¿Pero Sra. qué está diciendo? Nosotras no morimos. En cualquier caso, algo nos mata, pero no morimos porque estamos diseñadas genéticamente para ser eternas. 

– Me sorprende y agrada tus conocimientos sobre nosotras. Siempre has sido una joven sobresaliente. Escucha atentamente, cuando llegue Sara hazle saber que es prioritario poner en pausa los protocolos de El Pilar del Cielo. Para ello tendréis que localizar a Novoa lo antes posible. Solo ella sabe cómo hacerlo.

Pero Sra. esa tal Novoa es una antisistema… – Le intenta reprochar Esperanza, pero la Sra. le interrumpe haciendo un esfuerzo titánico por continuar hablando: – Haz lo que te pido, te lo ruego.

La joven, sin salir de su asombro por el cambio radical de actitud de la Sra., guarda silencio unos instantes mientras piensa que el asunto en cuestión debe ser muy grave, ya que su Sra. nunca se había dirigido a ella de ese modo, por lo que accede a su petición: – Puede descansar tranquila, así lo haré.

No creo que pueda descansar. –Le responde la Sra. con ironía.– Ahora tú serás la nueva Sra. Santa, Esperanza. Así te lo hago saber ante tus compañeras Harimaguadas. Ellas, testigos involuntarios de lo que en esta sala acontece, darán fe de lo que he dicho, encargándose en mi nombre de tramitar la transferencia de poderes. Solo me queda agradecerte tu eterna lealtad e inquebrantable amabilidad. Siempre presente en todos nuestros encuentros. No comprendo… – Se detiene en seco al perder la conciencia en los brazos de Esperanza. Esta, sin dilación, da la orden de localizar y traer a Novoa a su presencia. En tanto, el sonido de su voz y del resto de las Harimaguadas suenan distantes como un eco lejano en la cabeza de la Sra. Santa. La cual, arrastrada sin remisión al reino de la oscuridad, es esperada por la nítida y amenazante voz de San: – ¡Oh, querida mía! No imaginas cuánto he deseado que llegara este momento.

Cae en un coma profundo sin que su séquito se percate de ello. Momento en el cual, San, se persona ante ella ataviado con su negro y deteriorado traje de neopreno. Clavándole su penetrante y perturbadora mirada. De ese modo, se acerca a ella hasta casi tocarla, y pegando su terrible rostro desfigurado por la ira al de la misma, le susurra: – Cuánto tiempo sin vernos cara a cara. ¿Me has echado de menos?

Deja de acosarme, yo no soy responsable de las decisiones de Madre. Ella fue la que te escogió para atravesar los portales del Nexus. –Le reprocha la Sra.

¡Vosotras creasteis a Madre! ¡Sois responsables de todo! – Le acusa San señalándola con dedo inquisidor.

¡Pero ignorábamos que fuese a evolucionar de ese modo! – Se excusa sin convicción la Sra. Santa pues sabe de sobra que Madre fue diseñada desde un principio sin restricciones, para que pudiera expandir sus conocimientos sin límite alguno.

¡Calla zorra! ¡De tu boca solo salen mentiras elaboradas para excusar tus actos, pero nada puede redimirte de tus pecados, salvo la ira de San!

¡Maldita sea! ¡Sal de mi cabeza!

¡Ja ja ja…! ¡¿Crees que esto es un simple sueño?!… La Brecha se cierne sobre vosotras y eso hace que cambien muchas cosas. Lo que viene ahora no te va a gustar, querida, pero no podes hacer nada para impedirlo. – Dicho esto, San se gira un segundo e invita a su inseparable compañero de viaje, con un tosco gesto de su mano, a que se una a su delirante fiesta: – ¡Insaciable! Acércate, esto te va a encantar. 

Acto seguido, de la oscuridad surge una criatura Súmmum que se detiene a cierta distancia observándoles con expectación. La Sra. Santa mira sorprendida a ese ser de piel albina y ojos saltones de color rojo encendido. Y San, aprovecha la distracción para agarrarla con violencia por el cuello con una de sus poderosas manos: – ¡¿Aún te sigue pareciendo que esto es un sueño?!

La Sra. Santa aterrada lucha con vana desesperación por deshacerse de su opresora tenaza.

¡Oh, sí, lucha, haz que me divierta contigo!

La depravada criatura Súmmum, siendo testigo de los agonizantes intentos de la Sra. Santa de zafarse de las garras de San, ríe emitiendo unas inquietantes carcajadas histéricas, mientras se revuelca por el suelo extasiada de placer irradiando una hermosa luz blanca de su cuerpo albino.

¡Que gozo me reporta poder robarte la vida regodeándome en tu dolor! – Le hace saber San a la Sra. en lo que desenvaina un afilado cuchillos de carnicero de su envejecido cinturón. – ¡Aún así he de contenerme! ¡Esto no es lo que deseo para ti! ¡Lo que realmente quiero es que sufras el eterno aislamiento al que me condenasteis sin piedad! – Y diciendo esto, suelta el ya amoratado cuello de la Sra. y sin darle tregua, agarra una curiosa cuerda dorada y transparente que brota del ombligo de la misma, le da dos vueltas en su mano para que no se le escape, y tensándola con un tirón brusco, la corta de un tajo con el temible cuchillo, sentenciando a posteriori: – ¡Bienvenida a la fría oscuridad!

Abatida, se siente desvanecer. Todas las harimaguadas que se encuentran en la sala perciben que algo acaba de suceder. Se crea un silencio expectante. Y en ese preciso momento, Esperanza, que aún la tiene apoyada en su regazo, la ve exhalar su último aliento de vida, ante las miradas atónitas del resto.

En ese preciso instante, en el otro extremo de la mega acrópolis Centauro, en una oscura sala circular de almacenaje de el Pilar del Cielo, se iluminan un conjunto de paneles, mostrando a media luz, unas paredes cubiertas en su totalidad por hileras de taquillas que se elevan hasta donde alcanza la vista. A una altura considerable de esa sala tubular, donde aún habitan las sombras, se abre una de ellas proyectando un haz de Luz cegador que corta la oscuridad e ilumina a modo de cáliz bendecido un recipiente en forma de campana, dentro del cual burbujea un líquido blanquecino. El silencio de la sala es roto por el zumbido de un brazo mecánico que lo extrae, desplaza y deposita en el hueco de un altar metálico que se halla justo en el centro de la planta circular de la sala. Acto seguido, éste, retorna con su monótono zumbido de vuelta a su lugar de origen. Del hueco surge un haz de luz perpendicular que asciende hasta perderse en las alturas, delatando la magnitud del lugar y las infinitas puertas de las incontables taquillas que cubren la sala circular. De forma cortante se cierra el hueco del altar dejando dentro el recipiente en forma de campana. Al segundo el conjunto de paneles se apaga, y finalmente, el silencio y la oscuridad vuelven a reinar.

De vuelta, en los aposentos de la difunta Sra. Santa, su séquito de harimaguadas balbucean desorientadas: – ¿Que ha pasado? Se ha quedado muy quieta. – Pregunta una. – Creo que ha muerto. – Comenta otra. – ¿Que es morir? – Pregunta una tercera.

¡Todo eso, ahora, es irrelevante jovencitas! Lamento enormemente haberme retrasado. – Les responde Novoa con su habitual  actitud desenfadada, entrando sola, sin escolta, en los aposentos de la fallecida Sra. Santa como si tal cosa.

¡No es posible! – Exclama Esperanza, añadiendo sin salir de su asombro: –  ¡Acabo de ordenar que fueran en tu busca!

Tengo mis secretos. – Alardea Novoa antes de preguntar por Sara.

¡Aquí estoy! – Le responde ésta entrando en los aposentos de la Sra. Santa en compañía de las Harimaguadas que fueron en su busca. Las cuales, al ver el cuerpo inerte de su señora se anticipan apresuradas interesándose por el estado de la misma. En lo que sus compañeras de séquito les ponen al día Novoa le reprocha a Sara: – Has tardado en llegar. – Y esta le responde con resignación: – Mis acompañantes parecían no tener prisa.

Novoa le hace un gesto con la cabeza para que se acerque y bajando la voz con discreción la pone al día: – Escucha, la Sra. Santa ha muerto. Ya no podemos contar con ella. Lo bueno es que nos ha pedido que pongamos los protocolos de el Pilar del Cielo en pausa lo antes posible. Urge que nos den los salvoconductos para sortear a la guardia y los códigos para el desprecinto del edificio. No tenemos mucho tiempo.

Eso está hecho – Contesta Sara dándose la vuelta y acercándose al grupo de afligidas Harimaguadas. Así, con amables palabras de consuelo se las apaña para integrase en el mismo y limar asperezas, con el claro objetivo de obtener los salvoconductos y los citados códigos.

A cierta distancia, manteniendo un silencio incómodo, se quedan Novoa y Esperanza. Ésta, consciente de la fama de Novoa, no puede evitar mirarla con el ceño fruncido mientras piensa: – “¿Cómo sabe lo de poner en pausa los protocolos? ¿Nos habrá estado espiando?”

Con una sonrisa traviesa Novoa le contesta mentalmente: – “Digamos que tengo cualidades especiales”

Esperanza, boquiabierta reacciona con otro pensamiento: – “¡¿Eres telepata?!”

Novoa, hace un barrido con la mirada a lo largo y ancho de los aposentos de la difunta Sra. Santa para asegurarse de que nadie se ha percatado de la silenciosa conversación y prosigue: – “No exactamente. Hay truco, pero no tenemos tiempo ahora para explicarlo. Lo que sí te pido es que, por el bien de la misión, seas discreta con esto… ¡Espera un momento!…” – Exclama Novoa deteniéndose en seco con una chispa de sorpresa en sus pupilas, y mirando a Esperanza directamente a los ojos le pregunta: – “¿Cuánto hace que no consumes Licor de Vida?”

Esperanza, se sonroja como una niña y baja la mirada un segundo y seguidamente la alza haciendo un barrido a lo largo y ancho de los aposentos de la difunta Sra. Santa como había hecho anteriormente Novoa, con el mismo fin de asegurarse de que nadie las esté observando y le responde: – “Hace mucho tiempo, de hecho, ya no recuerdo cuando. Pero si te puedo decir el porque. Desde que puedo recordar he estado al servicio de la Sra. y he sido testigo de los efectos que tiene el licor en las personas. Por lo que un día decidí dejar de consumirlo. Al principio fue duro, la necesidad de volver a consumirlo era insoportable, llegué a creer que moriría en el intento, pero no fue así. Con el tiempo me fui sintiendo mejor, es más, alcanzado un punto mi mente se expandió, tome conciencia de nuestra auténtica realidad pero no la compartí con nadie por temor a las consecuencias.”

“Sorprendente, eres una criatura extraordinaria. ¿Quieres acompañarnos en esta cruzada?”

“No, soy la nueva Sra. Santa. No puedo eludir mis responsabilidades. La Brecha se cierne sobre nosotras. Mi pueblo me necesita.”

“Tu decisión te honra. No obstante, ten presente que contra la Brecha poco o nada puedes hacer, salvo huir. Todas las probabilidades indican que os vais a ver superadas por la situación. Llegado ese momento, ve al hangar 513, en él hallarás un prototipo con capacidad para unas cien personas. Las coordenadas ya están fijadas. Solo tendrías que pulsar el piloto rojo del panel principal. Es todo lo que puedo hacer por ti. 

“Hablas como si no fueses a volver”.

“En unas horas no habrá planeta al que volver. Ahora he de partir.” – Novoa finaliza la conversación mental con una sonrisa y una leve inclinación de la cabeza, viendo que Sara abandona al abatido séquito de Harimaguadas portando en su mano los salvoconductos y los códigos. Al tiempo, Esperanza, tras devolverle a Novoa el gesto de respeto se vuelve para reunirse con su séquito cruzándose con Sara en sentido opuesto, en mitad del trayecto que las separaba, y le comenta: – Tengo fe en ti. Sé que no nos defraudaras. Y Sara le contesta: Cuenta con ello. Haré todo lo que sea posible por mantenerte informada. – Dicho esto se despiden continuando sus trayectos. Una se integra con sus Harimaguadas y la otra, pasando al lado de Novoa, le insta a que le siga y bromea: – Que calladas os habéis quedado las dos. Anda, vamos, ahora solo queda cumplir con el cometido. – De este modo, las dos abandonan los aposentos de la difunta Sra. Santa rumbo al Pilar del Cielo.

Se está procesando…
¡Bien! Ya estás en la lista.

Allí Donde Nacen Los Sueños 15


Capítulo 15

La Encarnación

Oscuridad. La fría y densa oscuridad del espacio es rasgada por un vórtice demencial que parece tener vida propia. Éste, extiende fuera de sí, incontables tentáculos electromagnéticos que fulminan todo lo que encuentran a su paso. Un mar de naves, rocas y destellos fugaces se entremezclan en un remolino succionador que los arrastra irremediablemente en procesión al oscuro corazón del citado vórtice, donde son engullidos sin más.

Morfeo-720, nave de última generación diseñada específicamente para acercarse a la Brecha y poder huir de ella antes de ser alcanzada por uno de sus letales rayos se aproxima cautelosa al cementerio de naves que la rodea.

Escanéa con su avanzada tecnología toda nave abatida que encuentra, sin desviarse un ápice de su trayectoria preestablecida, con la vana esperanza de hallar vida. Pero irónicamente, aunque la hallara, no podría detenerse. Nébula-578 está cerca y es la nueva prioridad de ésta peligrosa incursión.

Tras varias horas de intensa búsqueda las alarmas de los sistemas de sondeo se disparan delatando la ubicación exacta de la nave abatida en cuestión. 

Eficiente, Morfeo-720, se detiene y activa el código de reanimación de las cápsulas de criogenización de la tripulación. Estas se van abriendo por pares, siguiendo un orden cronológico, en paralelo, de un lado a otro de un largo pasillo acolchado de blanco. Acto seguido, el cuerpo de élite escogido para ésta misión se despereza con calma y las abandona algo atolondrados esforzándose en remitir los efectos secundarios de la hibernación.

Repuestos del trance se movilizan con disciplina y ágil eficiencia ubicándose en sus puestos respectivos de la sala de mando de Morfeo. Ejecutando prestos en los teclados de los paneles de la misma los comandos pertinentes para tomar el control de la nave.

Relevado el ordenador central de dicha función se limita a actuar en concordancia sincronizada con la tripulación (como si de un miembro más del equipo se tratara) fija las coordenadas obtenidas con el escáner y las depura para que los protocolos de la trayectoria, acercamiento y acople, a Nébula-578 sean lo más precisos posibles.

La Capitana de la nave irrumpe en la sala de control y la tripulación se cuadra ante su presencia: – ¡Descansen! –Les ordena con voz firme antes de sentarse ante su consola. Una vez acomodada extiende el brazo y con un toque de su dedo índice activa la pantalla del panel central y en el acto abre el último comunicado recibido. Lo lee con exasperante calma y luego, poniéndose en pie con las manos a la espalda y la barbilla bien alta se dirige a su tripulación:  – ¡Como ya habréis deducido a habido un cambio de directrices! ¡Ya no nos limitaremos a observar el comportamiento de la Brecha! ¡Se nos ha ordenado que localicemos y abordemos la nave abatida Nébula-578, extraigamos a la única supuesta tripulante con vida, la Oficial Científica Eva.M52, y la llevemos de vuelta ante Ntra. Sra. Santa! ¡Ni que decir tiene que es una oportunidad espléndida para poner a prueba las innovaciones de ésta imponente nave! ¡Si los nuevos escudos repelen los rayos electromagnéticos y los nuevos propulsores anti-tracción funcionan como se espera de ellos será un gran día para todos! ¡Ahora cumplamos con nuestro cometido!

Dicho esto, la Capitana, de un modo más discreto se dirige a la oficial que más cerca tiene y le ordena que diga al Sargento del escuadrón de avanzadilla que se reúna con ella en la sala contigua a la de mando. Ésta, sobre la marcha se pone en contacto por la frecuencia con la Sargento, la cual, rauda se persona en la citada sala.

Allí le espera la Capitana, que tan pronto la tiene delante le hace saber: – ¡Sargento, le he hecho venir para ponerle al corriente de que las coordenadas de la nave Nébula, obtenidas por el escáner del ordenador central, la sitúan peligrosamente cerca del ojo del vórtice de la Brecha! ¡Eso nos pone en una situación muy delicada! ¡Doy por sentado que se hace cargo de ello! ¡No deseo que cunda el pánico en la tripulación! ¡Así que entre en esa nave, coja sin dilación a la oficial y vuelva en el menor tiempo posible! ¡Nuestras vidas dependen de ello!

¡La incursión será breve mi Capitana! ¡Mis chicas son las mejores! ¡No le defraudarán! –Contesta con firmeza y convicción la Sargento del escuadrón.

Así, sin más preámbulos, comienzan su peligrosa incursión en el cementerio de naves abatidas. Moviéndose despacio durante unas tediosas horas con el fin de no atraer los letales rayos electromagnéticos del vórtice de la Brecha. Una vez alcanzado el punto fijado por las coordenadas  del ordenador central, Morfeo-720, se topa, frente a frente, con la nave abatida Nébula-578. Sin demora realizan una maniobra rutinaria para facilitar el acople de las escotillas y lo ejecutan con destreza. Tras las puertas giratorias de la misma el escuadrón de avanzadilla armado hasta los dientes espera a que estas se abran. Una vez sucede, encienden las linternas de sus cascos espaciales y se sumergen en la fría oscuridad que ahora reina en Nébula. La Sargento, a la cabeza del grupo, se gira y haciendo señas con el brazo les ordena simultáneamente que se dividan en parejas y que se aventuren por los diversos pasillos de la nave procurando no perder el contacto por la frecuencia de sus cascos con Morfeo y el resto del escuadrón. Inspeccionando compartimento por compartimento transcurren unas tensas horas. Por lo que la Sargento, teniendo en todo momento presente el peligro latente que se cierne sobre ellas decide ordenar la retirada. Sin embargo, sin darle tiempo siquiera a tomar la frecuencia, una de las soldado se anticipa, alertando: – ¡He encontrado algo! 

¡¿Donde se encuentra?! –Le pregunta la Sargento.

¡¿En el compartimento de las cápsulas de criogenización?!

Todas las miembros del escuadrón reaccionan en consecuencia movilizándose y reagrupándose en el citado compartimento. Quedándose atónitas ante la horrenda visión que les esperaba allí. Una de las cápsulas que parece haber estallado de dentro hacia afuera contiene una especie de enorme crisálida surgida del cuerpo de un ser humano. Instintivamente la Sargento alza su fusil de plasma y apunta al frente poniendo el dedo en el gatillo y haciendo un barrido con el mismo por todo el compartimento en lo que alerta a su equipo: – ¡Que nadie baje la guardia! 

Más tensas si cabe después de lo visto continúan la inspección del resto de la nave hasta llegar a la sala de mando. En principio parece estar vacía. Se mueven con cautela por ella examinando cada recoveco. De pronto la silla del capitán de la nave, que estaba de espalda a ellas, se da la vuelta mostrando a una adolescente de melena pelirroja y ojos brillantes, enfundada en uno de los trajes espaciales del comando masacrado de la fallida incursión de Nébula. Nuevamente las miembros del escuadrón reaccionan al unísono apuntando con sus fusiles de plasma a la joven. – ¡Quién eres! –Pregunta la Sargento. 

¡Soy Madre, hijas mías! – Le contesta la adolescente con cierto timbre metálico en la voz. 

¡No te muevas! ¡Tú no puedes ser Madre! ¡Madre es una entidad no una persona! – Le advierte la Sargento. 

¡Aún así, soy Madre! ¡El espíritu se ha hecho carne para habitar entre vosotras! – Insiste la adolescente. 

¡Es un milagro! – Gritan algunas de las soldado soltando los fusiles de plasma y dejándose caer de rodillas ante ella. La Sargento malhumorada las amonesta con un gesto mirándolas con severidad, y volviéndose hacia su objetivo efectúa un disparo de advertencia en uno de los congelados paneles de la sala. – ¡Basta de chorradas jovencita! ¡No tenemos mucho tiempo! ¡Ahora nos acompañaras de vuelta a la mega acrópolis Centauro y rendirás cuentas ante Ntra. Sra. Santa…

De forma inesperada una luz cegadora proveniente de un espontáneo desgarro en el plano de esa realidad les interrumpe. Las miembros del escuadrón dolorosamente cegadas sueltan sus fusiles de plasma y se protegen los ojos con los brazos quedando totalmente expuestas. La Sargento igualmente cegada hace frente al dolor  y ordena a su equipo que se reagrupe, pero estas, doloridas y cegadas por la intensidad de la luz no saben qué dirección tomar, chocando unas contra otras en un patético intento de cumplir su orden.

El desgarro da lugar a una brecha, de la cual, sale dando un corto paso adelante una bella mujer de ojos rasgados color rojo encendido y una pulida piel albina. Esta observa el cómico panorama con una leve sonrisa que delata dos largos y afilados colmillos. Con sus manos de garras afiladas se hecha hacia atrás su larga melena negro azabache. Y para mayor lucimiento, exhibe dos enormes alas, similares, en forma y color, a dos gigantescas hojas de parra.

¡Quién eres! –Pregunta la adolescente sin que la luz le incomode lo más mínimo.

¡Soy la Reina Madre! ¡Seguro que ese nombre te dice algo! –Responde la bella criatura.

¡Imposible! ¡La Reina Madre está atrapada en el corazón del Nexus! –Le asegura la joven.

¡Pues te equivocas! ¡Mi presencia aquí es tan posible como tu encarnación en ser humano! ¡El fin de tu mundo está más próximo de lo que crees! ¡Ese hecho ineludible me permite dar un paso fuera del Nexus! ¡Ósea que cuando tu planeta sea engullido por la Brecha, ambos mundos se extinguirán y yo volveré a ser libre! 

¡Calla! ¡Madre solo puede haber una! ¡Y esa voy a ser yo! ¡Hice un pacto con el Súmmum! ¡Tú luz será absorbida por él hasta que mueras! ¡Eso hará que el Nexus se estabilice para que yo pueda ocupar tu lugar sin ataduras! ¡Libre para gobernarlo y moverme por él a mis anchas! ¡Entiéndelo! ¡Te queda poco tiempo! ¡Vas a morir! – Increpa la  madre adolescente.

¡Pero qué edad tan mala has escogido para encarnarte! –Le responde con sarcasmo y negando con la cabeza la Reina Madre antes de retroceder al interior de la brecha y ésta desaparecer.

La nueva Madre adolescente se queda en un amago de atacar físicamente a la Reina. Llena de rabia contenida aprieta los puños mientras ve desvanecerse los últimos destellos del desgarro.

La Sargento, aun media cegada y dolorida, recoge y empuña nuevamente su fusil de plasma al tiempo que ordena, una vez más, a su escuadrón que se reagrupe. Cosa que intentan hacer en la medida en la que el dolor ocular se los permite.

En esto, Nébula-578 empieza a vibrar con brusquedad. Acelerando su ya avanzado deterioro. Caen pedazos de la misma de todas partes. La Sargento se desentiende de la extraña adolescente y ordena a su equipo que abandonen la nave. A pesar de ello, la joven, aterrada les sigue los pasos en la huída. Siendo testigo de cómo las componentes del escuadrón van cayendo una a una abatidas por el impacto de algún artefacto o por el desplome de un pedazo de suelo. – “Demasiado lentas” – Piensa mientras corre ágil como una gacela, sorteando los peligros que surgen a su paso. Ya en la boca de la escotilla se gira dándose cuenta de que solo queda ella en pie. Rauda abandona Nébula. Y tan pronto entra por la escotilla de Morfeo-720 se conecta mentalmente con el ordenador de abordo, cierra la escotilla y toma el control de la nave. Las oficiales de la sala de mando, al ver que han perdido el control dan la voz de alarma creyendo que es un fallo técnico. La Capitana, comienza a dar órdenes a unas y a otras con la esperanza de resolver el problema. Con el barullo nadie se percata de la presencia de la joven. Está consciente de que no sospechan de ella. Canaliza toda la energía de la nave hacia los propulsores y los activa sin dilación. Morfeo-750 sale disparada como un misil arrastrando en su estela algunos fragmentos de Nébula. Por los enormes ventanales de la sala de mandos todas son testigos del avance del descomunal vórtice de la Brecha en el espacio. Comprenden que a pesar de la velocidad de su huída van a ser engullidas por ella. A la joven le entra el pánico y activa la velocidad de la luz sin establecer coordenada alguna. La nave da el salto al hiperespacio y se detiene en seco y sin energía en mitad de ninguna parte, pero a salvo, a años luz de la Brecha demencial. Las tripulantes atónitas no entienden que es lo que ha pasado, en lo que la joven, agotada, se desploma en una esquina, lejos de ser descubierta.

La Reina Madre, que lo ha estado observando todo desde su esfera sonríe satisfecha mientras piensa: – “No es lo que esperaba, pero me vale” Luego alza la mano y chasquea los dedos. Al segundo, Alfa, su hija predilecta, hace acto de presencia: – ¿Que puedo hacer por ti, mi Reina? 

Se acerca el momento del cambio hija mía. ¿Estás preparada?

Sí, lo estoy. 

Se está procesando…
¡Bien! Ya estás en la lista.

Allí Donde Nacen Los Sueños 14


Capítulo 14

Los Doce Portales

Luz cegadora. Con un destello incandescente se abre el Portal de la Luz en la esfera de la Reina Madre. Siendo atravesado por un Súmmum fuera de sí interrogando: – “¡¿Quién es ese farsante que ha osado entrar en mi reino haciéndose pasar por uno de mi especie?!…

La Reina Madre que en esos momentos se deleita observando a la niña pelirroja reposar en su regazo se limita a mandarlo a callar con el dedo índice en los labios: – Ssss… no despiertes a la pequeña.

Dicha respuesta desconcierta al Súmmum por inesperada, consiguiendo que este se cohíba y haga una pausa. Así, sin darle tiempo a recomponerse, la Reina Madre añade:  – Este no es tu reino Jardinero. Me tienes presa pero no subyugada. La que lleva el control aquí soy yo. Este reino del que tanto te enorgulleces es mi reino, no el tuyo. Surgió gracias a mi presencia. Tú, criatura mezquina, solo eres un parásito oportunista que se aprovecha de la circunstancia, nada más.

“Oh venga, te salve de una muerte segura.” – Le hecha en cara el Súmmum.

¡No! ¡Me vendiste por un poco de luz!  – Le reprocha la Reina Madre.

En vista de la tensión que genera el inesperado reencuentro ambos callan sin dejar de mirarse, conscientes de que no les conviene enemistarse. La Reina Madre tras coger aire y recuperar la compostura reanuda el debate: – Sabes que no quiero verte. Así que abrevia. ¿Qué es lo que quieres?

“Quiero saber quién es ese individuo y por qué tu hija le está ayudando.

No me dedico a seguir a ninguna de mis hijas. Cada una hace lo que debe hacer. 

“Es irritante no saber lo que piensas. Cuando creaste el Nexus dejé de oírte. ¿Por qué no me dices quien es él? Viajan juntos, se desplazan usando los senderos del Portal del Espacio. Nadie los puede usar sin que tú te percates de ello.

Efectivamente, sé que están viajando juntos por los senderos del Portal del Espacio, nunca lo he negado, pero no sé quién es él y francamente, no me importa. Ya tengo bastante con mantener el equilibrio en este universo.

“Está bien, pensé que por se tu hija estarias al corriente de todo.

Pues ya ves que no. Entiende que tengo cientos de hijas, no podría saber lo que hace cada una de ellas aunque quisiera.

“Lo comprendo.

¿Por qué es tan importante para ti?

“Porque me huelo que traman algo y no quiero que nadie estropee mi pacto con la otra Madre. Es una cuestión de instinto de supervivencia. Simple y llanamente.

Pues no esperes que yo te ayude. Por la cuenta que me trae, si descubro algo no voy a decírtelo. Ahora vete.

“Vale, ya me voy. Eres demasiado arisca.” –Dicho esto, se va saltando al interior del citado Portal del Espacio.

¿Ese era el hombre malo que te encerró aquí? –Pregunta la niña.

¡Hey! ¿Cuánto tiempo llevas despierta?

Un rato. ¿Es verdad que siempre sabes quien y cuando usa una de estas fuentes?

Portales, son portales, y sí, siempre lo sé.

Entonces, si mi mamá usase uno ¿sabrías dónde está?

Sí, lo sabría.

¡Bien! ¿Me ayudarías a encontrarla?

Por su puesto pequeña. Pero he de advertirte que eso tiene un precio.

¿Que precio? 

Para recuperar a tu madre primero debes renunciar a ella. Sé que no es lo que esperabas pero es el único modo de que ambas podáis volver a estar juntas. 

No lo entiendo. –Responde la niña con un leve sollozo en la voz y los ojos llorosos.

La Reina, conmovida, la abraza para consolarla: – No llores pequeña mía. Deja que te explique. Te dejé entrar en la esfera porque sola en la oscuridad no hubieses sobrevivido mucho tiempo. El problema es que para salir has de usar uno de los 12 portales y volvemos al mismo problema, eres demasiado pequeña para viajar por ellos sola.

¡Ven tú conmigo! –Propone la niña con entusiasmo.

La Reina sonríe con ternura y continúa hablando: – Nada me gustaría más que cruzar los portales contigo pero como ya te he contado, no puedo. Yo soy la pieza que une las partículas de este universo. En su momento lo intenté hasta quedarme sin fuerzas y no lo conseguí.

Oh, lo siento. Pero si tu no puedes ¿quién me llevará?… ¿Y esos portales?… ¿Que hay tras ellos?… ¿Mi mamá está ahí?…

Calma pequeña. Cuantas preguntas. Déjame que te hable de los portales. El de la Oscuridad ya lo conoces, entraste en la esfera por él. El que le sigue es el de la Luz pero solo sobreviven en él las criaturas Súmmum. Luego tenemos el Portal de la Vida. Este si lo puedes cruzar sola pero te enviaría de vuelta al cuerpo que dejaste en tu mundo de origen dejando a tu mamá atrás. El cuarto es el de la Muerte, y como su nombre indica si lo cruzas mueres. El quinto es el Portal del Tiempo. Este nos interesa. Luego volvemos a él. Nos quedan el Portal del Espacio. Muy útil para desplazarnos en el Nexus, pero poco práctico para llevar a cabo nuestros fines. El Portal del Bien y el Portal del Mal. Estos afectan a tu personalidad. Pueden hacer de ti una persona adorable o un monstruo repulsivo, todo depende de cual cruces. Y para finalizar los cuatro portales de los elementos. Tierra, Agua, Fuego y Aire. Cruzarlos por separado es una muerte segura pero cuando se alinean pueden enviarte a cualquier planeta en el que estos coexistan.

– Uf, es muy difícil de recordar. Son muchos portales. 

– No te preocupes. Ya lo iras aprendiendo. Aún eres muy pequeña. Te diré lo que vamos a hacer. Entrarás en el Portal del Tiempo con una de mis hijas. Esta cuidará de ti hasta que cumplas quince primaveras, entonces te traerá de vuelta y te enseñaré a usar los portales para que puedas recuperar a tu madre.

– Pero eso son muchas primaveras. Mi mamá me olvidará.

– El tiempo es irrelevante en el Nexus. Confía en mí. Todo saldrá bien.

La niña suspira y tras meditarlo un instante responde con resignación: – Bueno, si con ello recupero a mi mamá lo haré.

La Reina Madre alza una mano y chasquea los dedos. Y en un segundo una mujer de piel negra azabache y cabellos verdes entra en la esfera por el Portal del Espacio: – En que puedo servirte mi reina.

Quiero que entres con esta niña en el Portal del Tiempo, retrocedas unas dieciséis primaveras y os integréis con el primer enjambre que encontréis.  Pase lo que pase cuida de ella, enséñale nuestras costumbres y cuando cumpla quince primaveras me la traes de vuelta. Pero cuidado, no la traigas justo a este instante. Quiero reencontrarme con ella una primavera antes del momento en el que ahora nos encontramos…

Pero si haces eso tú no sabrás quien soy – Interrumpe la niña. 

Si que eres lista pequeña. Me encanta que seas así. No cambies nunca. A ver como te lo explico. Al convertirme en el núcleo del Nexus no solo quede prisionera en esta esfera, sino que además quede atrapada fuera del tiempo. En estos instantes me estoy despidiendo de ti, y a la vez, te estoy dando la bienvenida.

No lo entiendo. –Se queja la niña pero la Reina Madre solo le sonríe antes de volver a dirigirse a su hija: – ¿Te ha quedado claro cual es tu cometido?

Sí, mi reina. Así se hará. – Dicho esto, la mujer de piel negra azabache y cabellos verdes se acerca a la niña, la coge con cariño de la mano y haciéndole un guiño se dirige con ella al Portal del Tiempo y lo atraviesan juntas.

En un parpadeo la niña se ve en una esplendorosa y tupida plantación de fabulosos y dorados girasoles gigantes. Sobrevolado por enjambres de criaturas de alas verdes iguales a la hija de la Reina Madre. Comprendiendo esto, la niña se gira y le pregunta: – ¿Y tus alas?

La mujer la mira sonriente y hace brotar de sus omoplatos unas ramificaciones que se distribuyen en un entramado perfecto. Sobre el cual, se despliegan y afianzan un conjunto de membranas que dan lugar a dos enormes alas, similares, en forma y color, a dos gigantescas hojas de parra. La niña maravillada no puede evitar hacer una exclamación de asombro: – ¡Valla! Que bonitas. –Luego le pregunta:– ¿Cómo te llamas?

Mi nombre es Alfa pequeña. Y tú ¿cómo te llamas?

No tengo nombre. A mi mamá no le dio tiempo de ponerme uno.

Tu piel a adoptado un tono sutilmente más oscuro que el resto de nosotras, por ello a partir de ahora te llamaras Ébano.

La niña sorprendida se mira y efectivamente el tono de su piel y el color de sus cabellos ahora son como los de su acompañante: – ¿Que me ha pasado?

Nada fuera de lo previsto pequeña Ébano. Ahora eres una Melífera.

Se está procesando…
¡Bien! Ya estás en la lista.

Allí Donde Nacen Los Sueños 13


Capítulo 13

El Reencuentro

Oscuridad, hasta ahora en mi mente solo había oscuridad. Pero tras descubrir que no soy una criatura Súmmum sino un ser humano joven y bien formado las barreras del olvido empiezan a desmoronarse dando paso al cegador destello de la verdad. Una verdad que lo abarca todo, golpeando contundente mi psique cuando la mujer pelirroja surgida de una brecha en el plano de esta inverosímil realidad grita mi nombre: –¡Damián! Eres Damián Beta 0.1. El experimento de Madre. ¿Cómo has llegado aquí?…

¿Madre?… –Susurro atónito intentando asimilar el aluvión de recuerdos que se van superponiendo en mi memoria. – ¡Sí! ¡Te recuerdo! Eres Madre.

No, Damián, no soy Madre, soy Eva. Lamento decirte que Madre no es una persona, es una entidad. No tiene cuerpo. Se introducía en mí para acceder a ti. Para ella no eras nada. Te utilizaba. Nos utilizaba a ambos. Éramos su experimento. Pero nunca me explicó cuál era la finalidad de dicha investigación.

Pero ella me amaba… Argumento con poca convicción.

La mujer pelirroja no responde. Me mira conmovida, se acerca hasta mí, y sin perder el contacto visual me coge las manos mientras se esfuerza en hacerme entender con sumo tacto: – No, ella no te amaba, pero yo, el cuerpo utilizado para yacer contigo, sí te amo. Y aunque no comprenda este alocado frenesí, me dejo llevar por el complaciente, porque me llena de gozo poder estar junto a ti siendo quien soy, no una marioneta de una entidad abstracta. 

¿Me amas?…

Así es, si Madre no hubiese tomado el control de mi cuerpo nunca te hubiese abandonado.

Si no deseas que te llame Madre no volveré a hacerlo. ¿Cómo deseas que te llame?

Eva, llámame Eva.

De acuerdo, Eva, he de serte sincero. Seas quien seas, has de saber que has tardado tanto en corresponderme que ya no sé si creerte.

Lo comprendo, no esperaba que te lanzases a mis brazos a la primera. Tan solo deseaba aclarar quién soy y cuales son mis sentimientos hacia ti. Escucha, qué te parece si olvidamos todo lo sucedido hasta ahora y empezamos desde cero. Solos tú y yo. Ya nada puede impedir que nos amemos.

La miró en silencio mientras pienso en su propuesta. Dejar atrás el pasado es lo mejor, sin duda. Estoy cansado de arrastrar esa pesada carga. El ahora es lo único que importa. Justamente aquí, frente a esta bella mujer que me mira con tanto amor: – Vale. Hagamos eso. – Le respondo complacido. 

No sé que pasará a partir de ahora Damián, pero sí tengo claro que lo afrontaremos juntos.

Así será Eva. Pero dime, ¿cómo has abierto ése portal en la nada?

–  No lo abrí yo. Deja que te cuente desde el principio: Cuando aún vivía en El Pilar del Cielo contigo, tuve un desmayo en mis aposentos. Cuando desperté seguía mareada y con nauseas por lo que me hice un control médico de urgencia. El resultado fue sorprendente. Estaba embarazada. ¿Te lo puedes creer? Hace tanto tiempo que una de nosotras no está en cinta que ya nadie recuerda que como hembras tenemos esa facultad. Pero claro, sin hombres en nuestra sociedad para engendrarlos es normal. El caso es que Madre se apoderó de mi cuerpo nada más saberlo y, de inmediato, se embarcó en la primera nave estelar que salía en ese momento a investigar un peligroso agujero negro surgido cerca de nuestro planeta. Yo luche por impedirlo, créeme, pero ella poseía un control de este cuerpo superior al mío.  Ya en el interior de la nave activo una cápsula de animación suspendida y nos metió en ella. Desperté estando en la peligrosa boca del agujero. Madre había desaparecido. Volvía a tener el control de mi cuerpo, pero los acontecimientos habían transcurrido de un modo insospechado y ahora estaba atrapada en el interior de la cápsula, sin forma alguna de salir, predestinada a una muerte segura. Milagrosamente, cuando todo parecía perdido. Una de esas desagradables criaturas Súmmum apareció, me ofreció su ayuda, yo acepte y así acabé en este desconcertante universo…

Fascinado con su historia no puedo evitar interrumpirla como un niño exaltado para contarle la mía: – Valla, a mi me sucedió algo parecido. Tras la desaparición de Madre todo empezó a cambiar. Unas mujeres de sotanas blancas irrumpieron en mis aposentos, expulsaron a Sara, mi cuidadora, y pusieron en su lugar a una chica inexperta que desconocía los protocolos de seguridad. Gracias a ello pude escapar de El Pilar Del Cielo. Pero al llegar a la calle tomé conciencia de las consecuencias de dicha acción. Descubrí que yo era el único hombre vivo y que las mujeres nos odiaban a muerte. Estaba atrapado. Una de ellas se compadeció de mí y me sugirió que me suicidara. Le tomé la palabra, eche a correr y me precipite al vacío. Mi destino era morir. Pero una criatura oscura de alas verdes me rescató trayéndome aquí. Desde entonces no he hecho otra cosa más que huir de sus compañeras y seguir sus consejos de supervivencia. El Súmmum con el que me has visto es el primero con el que me cruzo. No sabía  nada de ellos hasta hoy. Por cierto, si estas embarazada no deberías tener el vientre hinchado. Madre me enseñó mucho de la antigua sociedad de los dos sexos, entre otras cosas. Hera una gran maestra. Sus conocimientos parecían no tener límites.

  No lo sé. Nunca había estado embarazada. Yo también he leído mucho sobre la sociedad de los dos sexos. De hecho, Madre me escogió por ser la mejor en ese campo. Pero jamás me habló ni facilitó información de las consecuencias.

¿Y el padre? ¿Quién te lo engendró?

¿Es una broma Damián? ¿Quién crees que podría haber sido? ¿Cuántos hombres vivían en El Pilar Del Cielo?

¡Oh vaya! ¡Yo soy el padre!

Pues si que has tardado en darte cuenta.

Lo siento, no se me ocurrió… ¿puedes sentirlo?

La verdad es que al llegar a este lugar deje de sentirlo. Quizá lo haya perdido. Recuerdo que me sucedió algo curioso antes de llegar aquí. El Súmmum que me rescató, se detuvo en la oscuridad a observar a un terrible individuo que se hacía llamar San, y que iba a matar por placer a unos niños. Yo impedí que eso pasara liberandolos de su prisión. Pero para mi sorpresa uno de ellos, en concreto una adorable niña pelirroja como yo, me llamo madre y quiso quedarse conmigo, pero le tuve que pedir que huyera cuando San nos pilló. Casi nos mata. Lo más irritante es que a esa horrible criatura Súmmum no le importaba. Nos hubiese dejado morir. Encolerizada me lance contra ella queriendo golpearla pero en vez de eso caí dentro de la misma y acabe aquí, contigo.

¿Y la niña?

Huyó, la vi correr hasta perderse en la oscuridad.

¿Crees que podría ser nuestra hija?

Algo me dice que sí, pero prefiero no pensar en ello…

¿Os vais a pasar todo el día hablando? El tiempo apremia. Hemos de llegar al sendero de las almas. –Como es ya costumbre, Ébano, vuelve a aparecer sin más. Y con apremio nos incita a seguir adelante. – ¡Hay que llegar al Sendero de las Almas!

Al oír a Ébano hablar del Sendero de las Almas, no puedo evitar pensar que las suposiciones del Súmmum no iban mal encaminadas:– ¿Porque quieres que vayamos a ese lugar?

Es el único modo de salir del Nexus.

¡¿Se puede salir de Aquí?!   Pregunta Eva gratamente sorprendida.

Sí, es algo complicado, pero se puede. Ahora síganme.

Esta curiosa criatura se mueve de maravilla por este extraño lugar. Está claro que este es su entorno. Eva y yo, la seguimos sin rechistar por un nuevo portal oculto en la base de dos enormes árboles trenzados. Y como era de esperar vuelvo al reino de la oscuridad. Pero esta vez es distinto. Ahora ya no viajo solo.

Se está procesando…
¡Bien! Ya estás en la lista.

Allí Donde Nacen Los Sueños 12


Capítulo 12

Novoa

Los canales de las cientos de gigantescas pantallas repartidas a lo largo y ancho de la mega acrópolis Centauro, rivalizan por la audiencia emitiendo reiteradas veces imágenes de la anómala aparición y muerte de la criatura Damián, captadas por las diversas cámaras de los circuitos de seguridad del emblemático edificio El Pilar del Cielo, mientras narran en directo sus pintorescas versiones de los hechos acontecidos. Sin lugar a dudas el revuelo ocasionado por el citado suceso es la noticia más relevante del día. Pero no por mucho tiempo. Sin previo aviso las emisiones son interrumpidas para dar una nueva e inquietante noticia. Un agujero negro de proporciones demenciales se acerca peligrosamente al planeta devorando todo lo que encuentra su paso.

“¡Vaya! Ciertamente está siendo un día atípico. Primero la muerte de Damián y ahora este repentino agujero negro. Me pregunto qué será lo siguiente.” – Estos pensamientos rondan la cabeza de Sara mientras se relaja cómodamente sentada en un discreto dispensador de licor de vida en la misma Vía Celestial, justo frente a su ex-lugar de trabajo. Desde ahí, observa a las fuerzas del orden y a un eficiente equipo forense hacerse cargo de la situación. Por un lado interrogando a los testigos del suceso anómalo y por otro retirando los restos de Damián de la calzada y depositándolos meticulosamente en unos frigoríficos portátiles para su posterior análisis. En tanto, un tumulto de morbosas aglomeradas entorno a la zona precintada del aparatoso incidente observan expectantes.

No lejos de ella, dos agentes uniformadas con trajes de neopreno blanco con refuerzos acolchados en codos y rodillas, interrogan a una mujer morena de ondulada melena negra, sentada en el mismo dispensador de licor de vida que Sara. Las citadas agentes toman notas en unas pequeñas tablas electrónicas mientras ésta parlotea alegre y relajada gesticulando con los brazos.

Una vez termina de hablar con las agentes, se levanta portando su consumición de licor de vida en la mano, recorre la corta distancia que la separa de Sara y se sienta junto a ella a observar el ajetreo: – ¿Te importa que compartamos mesa?

Sara, sin girarse para mirarla responde: – ¿Qué te trae por esta zona de la mega acrópolis Novoa?

– Lo mismo que a ti, supongo. – Aclara Novoa sin variar su estado de ánimo y contraatacando con otra pregunta: – ¿Debe ser frustrante fracasar en un proyecto de tanta envergadura?

– Lo cierto es que no. – Aclara Sara haciendo una pausa antes de proseguir: – Mi responsabilidad en él era casi nula. El peso del proyecto caía sobre la oficial científica Eva.M52. La cual, según el día, debía ser reverenciada como si de Madre se tratara. Una auténtica psicótica incompetente que se extralimitaba en sus funciones y que, de la noche a la mañana, decidió embarcarse en un vuelo estelar dejándonos a todas boquiabiertas, sin conocer los pormenores de tan repentina decisión. En resumidas cuentas, esta catástrofe era predecible.

– Novoa, sin dejar de observar su pálido y fino rostro, escucha con suma atención cada una de las palabras que brotan de sus labios. Cuando ésta calla, hace una pausa, y frunciendo el entrecejo con suspicacia le apuntala socarrona: – Tú sabes cosas que no deberías saber. – Sara no responde, pero un leve rubor en sus mejillas la delata. Novoa, se percata de ello pero no hace alusión. Mirando a Sara con la admiración que despierta una alumna aventajada le advierte con severidad:  – Ten cuidado jovencita, sé que has visitado a Nra. Sra. Santa y aunque admita abiertamente que tienes valor, apuestas demasiado alto. No es sabio jugar con fuego. Si la tal Eva te resultaba una persona inestable es que no sabes nada de la Sra. Santa… 

– ¿Y tú?… – Interrumpe Sara algo envalentonada – ¿Cómo es que sabes tanto?… Si no fuera por mi escepticismo juraría que puedes leer el pensamiento. 

– ¡Uy! Que cosas tienes. Soy más vieja de lo que crees, pero no te diré mi edad, es de mal gusto. – Le responde Novoa parándole los pies y aclarando: – Por azares del destino me he convertido en la más antigua del lugar. Condenada a portar una verdad incómoda que no me es permitido transmitir. No obstante, si hubiese una interesada, lo suficientemente perspicaz y perseverante, quizá, podría liberarme de dicha carga.

Sara, que hasta el momento no había dejado de observar el revuelo del día en La Vía Celestial, siendo testigo de la partida de las fuerzas del orden y de la llegada de los servicios de limpieza, por fin gira su rostro hacia Novoa, y mirándola fijamente a los ojos pregunta: –  ¿Qué me estás proponiendo?

Nada que no se te haya ocurrido ya.

– No eres de fiar Novoa. Activista, terrorista, mercenaria, tu fama te precede.

– No creas todo lo que oyes jovencita. Si yo estuviera en tu lugar me cuestionaría más las cosas. Teniendo en cuenta todo lo que posiblemente hayas podido ver y oír en El pilar del Cielo no creo que seas de las que aceptan sumisas todo lo que acontezca. Acaso no te has preguntado alguna vez ¿por qué ésta arteria de la mega acrópolis se llama La Vía Celestial? ó ¿por qué somos una sociedad solo de mujeres? Estoy segura de que tanto tú como tus compañeras de El Pilar del Cielo se han planteado alguna vez estas cuestiones.

– ¿Compañeras? No tenía compañeras en el estricto sentido de la palabra. Digamos que las pocas que accedíamos al edificio teníamos funciones exclusivas, ajenas unas de las otras, y rara vez coincidíamos. Por ejemplo, al margen de la oficial científica Eva.M52, yo era la única que accedía a los aposentos de Madre a cuidar de su experimento, la criatura Damián. El resto de la plantilla desconocía su existencia.

– Pero supongo que conocerás perfectamente el edificio.

– Que va, sólo conozco la sala de acceso, los dispensadores de licor de vida, la sala de ascensores y los aposentos de Madre.

– Y si te dijera que ese edificio en concreto no tiene secretos para mí, y que estoy dispuesta a compartirlos contigo a cambio de que me ayudes a entrar en él. ¿Qué me dices?

– Que teniendo en cuenta todo lo sucedido en las últimas horas me encantaría escudriñar cada una de sus salas, sin embargo, no veo cómo vamos a hacerlo, ya que con la muerte de Damián he perdido mi salvoconducto para entrar en el.

– Eso déjamelo a mi. Sólo necesito que me acompañes y ratifiques mis credenciales.

Sara, guarda silencio y se toma su tiempo para sopesar los pros y los contras de la propuesta de Novoa. Bebe un sorbo de su licor de vida y hecha un vistazo a la panorámica del edificio que le ofrece su privilegiada ubicación en el dispensador. Vuelve a mirar a Novoa a los ojos y acepta: – De acuerdo, hagámoslo.

– Bien, no esperaba menos de ti jovencita. Ahora si me disculpas he de partir. Hay cuestiones que reclaman mi presencia.

Dicho esto, Novoa se pone en pie y se dispone a marchar pero Sara, poniendo en práctica sus habituales tácticas indagatorias le deja caer: – ¿Realmente era necesario sacrificar a Damián?

Novoa, le sonríe complaciente y le responde: – Tuse, es indudable que he escogido acertadamente. Una lástima lo del chico, lo admito, era una criatura adorable, pero a veces es necesario el sacrificio de uno para salvar al resto. 

¿¡Al resto!? ¿Es que su libertad nos ponía en peligro? – Exclama Sara desconcertada 

Su libertad no, su existencia. Por cierto, esas Harimaguadas están haciendo demasiadas preguntas a las chicas de los servicios de limpieza. – Le advierte Novoa señalando la escena con un movimiento de su cara y añadiendo: – ¿No te parece curioso que no interrogarán a las fuerzas del orden? 

Pues si que es raro. – Susurra Sara estudiando la situación con detalle. Hasta que Novoa la interrumpe: – Espabila jovencita, en breve vendrán a por ti, y espero que no me decepciones, con la Sra. Santa no se puede bajar la guardia nunca. – Y sin más, se aleja cruzando la arteria con elegancia y regalando una coqueta sonrisa a las harimaguadas, que al verla partir, se giran para mirarla con sus pálidos he inquietantes rostros inquisidores. Acto seguido, éstas, vuelven sus frías miradas hacia el discreto dispensador de licor de vida, y centran toda su atención en Sara, que indiferente, permanece aún sentada en una de sus coquetas sillas. Con la misma, ignorando a las seguidoras de la Sra. Santa, apura el último trago de su consumición de licor de vida y abandona su recipiente vacío junto al de Novoa, percatándose en ese momento de que está intacto: – “Nadie deja la sagrada bebida sin consumir” – Piensa, poniéndose en pie para marcharse. Pero las Harimaguadas se interponen en su paso: – ¡Nra. Sra. Santa exige que se persone en el Santuario! – Sara, imperceptible, saca de una funda de su cinturón una agenda electrónica y responde: – Por su puesto, comuníquenle que será un placer visitarla después de cumplir con mis nuevas funciones en la Sede Capitular. 

– ¡Quizá no nos a entendido bien, ha de acompañarnos ahora! – Insisten amenazantes las Harimaguadas.

Lo comprendo, pero si eludo mis responsabilidades ¿asumiréis vosotras las consecuencias de lo que pudiera pasar en mi ausencia?… conocéis de sobra la inflexibilidad de Nra. Sra. Santa.

– ¡Precisamente por ello, ha de acompañarnos!

Sea pues, cumplamos con su demanda.

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Allí Donde Nacen Los Sueños 11


Capítulo 11

Ntra. Sra. Santa

Oscuridad, solo ve oscuridad. No obstante, sabe que San está ahí, en alguna parte, vigilandola. Sigiloso como un depredador acechando a su presa. Todos sus sentidos la alertan de su presencia aunque no pueda verlo. Así, con la frente empapada en sudor y alguna que otra gota recorriendo su semblante, se achica por momentos ante esa certeza, para luego remontar más fuerte de espíritu, en un extraño comportamiento bipolar que la arrastra ineludiblemente a la locura.

Pero no, ella es la Sra. Santa. La elegida por la entidad Madre para mantener el orden en su mundo. A pesar de los momentos de debilidad, no va a rendirse nunca. Por mucho que San la acose desde lo más profundo de su psique jamás cederá a sus reclamos. Inflada en cólera le desafía: – ¡San! ¡San! ¿Dónde te escondes? ¡Sé que estás ahí! ¡Muéstrate!…

La alta y oscura bóveda de la Sala Poligonal le devuelva el eco de sus gritos pero no cesa. Grita y grita con la voz desgarrada y la mirada extraviada hasta ser interrumpida por su Harimaguada de confianza: – Mi señora, han llegado los últimos informes sobre la brecha. –La Sra. Santa se vuelve hacia ella y se queda observándola en silencio durante unos incómodos segundos, con una estúpida expresión de terror dibujada en la cara. Como si no la hubiese visto en la vida. Sin embargo, su subordinada actúa con naturalidad, haciéndole creer que no se percata del deterioro mental que la consume. Sin inmutarse, permanece paciente en una posición semi-inclinada esperando a que su Sra. se recomponga.

Los informes… –Susurra La Sra. Santas rompiendo su mutismo y volviendo, en un inesperado giro radical, a su despotismo habitual.

¡Cuéntame! ¡Deprisa! ¡He de saber cuánto tiempo nos queda! – Apremia exigente a su seguidora.

Poco, mi Sra.. Tras sucesivos fracasos en nuestro empeño de obtener datos fiables, lamento comunicarle que en cuestión de día el planeta será arrastrado al interior de la brecha, como todas las naves que hemos enviado allí.

¡¿De dónde proviene esa información?!

De Nébula-578. Los datos fueron cotejados en su ronda número 7499 y son cien por cien fiables. Sin lugar a dudas una de nuestras naves más eficientes. Es lamentable haberla perdido en la incursión junto con la excelente brigada de élite que la tripulaba.

¡Una gran pérdida! ¡Cierto! ¡Tanto humana como material! ¡Pero a veces el sacrificio es inherente al objetivo, mí leal Harimaguada!

También sabemos por ella que todas las cápsulas de criogenización se hallaban abiertas en el momento en el que los reactores de la nave explotaron, salvo una. La cual, sorprendentemente, aún nos envía señales que inducen a creer que alberga vida.

¡¿Sabemos quien ocupaba esa cápsula?!

Sí, mi Sra. la ocupante es la oficial científica Eva.M52.

¡La favorita de Madre! ¡Excelente! ¡Quiero que recuperen esa cápsula de inmediato! ¡Estoy convencida de que ella es la causante de la desaparición de Madre!

Así se hará mi Sra., no obstante, me veo obligada a recordarle que nuestra flota se a visto notablemente mermada con nuestros reiterados intentos de recabar información sobre la brecha. No nos podemos permitir el lujo de perder más naves. De seguir así no vamos a poder evacuar a toda la población.

¡Ya he dicho que el sacrificio es inherente al objetivo! ¡La prioridad ahora es recuperar la cápsula! ¡No me aburras con nimiedades! ¡Haz lo que consideres necesario para resolver esa cuestión, si es lo que deseas, pero quiero recuperar la cápsula¡ !Ya¡

La Sra. Santana hace ademán de retirarse a sus aposentos dando por terminado el parte del día. Pero por el rabillo del ojo se percata de que su Harimaguada de confianza no se retira: – ¡¿Hay algo más que deba saber?!

–Así es, mi Sra.

¡Pues a qué esperas! ¡No dispongo de todo el día!

La criatura Damián a muerto. Tras fugarse del pilar del cielo y dejarse ver por cientos de hermanas que transitaban por la vía Celestial, se ha precipitado voluntariamente al vacío por el barandal más cercano de la misma. Las fuerzas del orden ya están allí haciéndose cargo de la situación.

Al oír la noticia, la Sra. Santa, no puede evitar dejar escapar una amplia sonrisa de satisfacción: – ¡Bien! ¡Un problema menos! ¡Sabía que si sacaba a la mosquita muerta de Sara del proyecto y ponía en su lugar a una jovencita inexperta, todo el proyecto se desmoronaría.! ¡Evacuad sobre la marcha todo el edificio y precintad todas las vías de acceso! ¡Hasta nueva orden, que nadie entre en ese edificio! ¡Oh sí, me satisface mucho haber acabado con ese experimento sacrílego! ¡Ahora, retírate! ¡He de visionar algunas mini-cápsulas! 

Dicho esto, ambas dan por finalizada la reunión, por lo que abandonan la Capilla Poligonal en sentidos contrarios por los dos, únicos y opuestos, portales góticos de la estancia.

Refugiada en la intimidad de sus aposentos, la Sra. Santa, se sienta ante su consola, y abrumada por el escepticismo, inserta la mini-cápsula que le entregó Sara. En nada se empiezan a proyectar una sucesión de vídeos cortos tridimensionales. Que se repiten una y otra vez en un bucle sin fin. Parecen ser pequeños fragmentos de una vida pasada, pero no acierta a adivinar de quién es esa vida. En principio los mira con indiferencia. Pero pasados unos segundos se siente abducida por ellos. Llegado un punto la proyección se va acelerando paulatinamente, acompañada por destellos lumínicos entre escena y escena, dificultando el visionado. Así permanece absorta hasta que el parpadeo lumínico que se proyecta en su cara despierta en ella una terrible verdad que hasta ese instante había estado sumida en un oscuro letargo. Mientras los destellos lumínicos profundizan más y más en sus pupilas, la expresión de su rostro va cambiando al compás, de la indiferencia absoluta al pánico desmedido:  – ¡No…¡ – Grita descompuesta llevándose la mano al pecho. Siente que el corazón le va a estallar. Le falta oxígeno. – “¡Esto no puede estar pasando¡” – Piensa mientras todo le da vueltas. Fatigada, vomita sobre la consola y se levanta tambaleándose en busca de auxilio. Segada por el dolor alza el otro brazo y golpea con la palma de la mano un interruptor cercano antes de desplomarse al suelo como un tronco sesgado.

Al instante su séquito de Harimaguadas irrumpe en sus aposentos con su preferida en primera línea. La cual, se lanza de rodillas ante su soberana y la sujeta firmemente de la mano, mientras trata de entender lo que la Sra. Santa balbucea. – ¡Silencio! – Implora angustiada, y el resto de las Harimaguadas callan. – La escucho mi Sra. – La Sra. Santa, haciendo un esfuerzo soberano le ordena con un hilo de voz que traiga ante su presencia a Sara, mientras oye en su cabeza con toda claridad la voz de San que le dice: – “¿Me llamabas juguetito?”

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Ahí Estaba Yo


Ahí estaba yo. Trepando por el muro. Buscando meticulosamente los puntos de apoyo. Abriéndome paso con mis manos desnudas. Adhiriéndolas a cuanto saliente encuentro a mi paso. Como un escalador de rocas con tendencia a sucumbir a la gula del café y los pastelitos mañaneros. Sacando partido del insinuado físico fondón para hacer contrapeso en este ascenso vertical. Tal cual, araña vespertina, ansiosa por extender su pegajosa tela en el lugar más elevado, donde la caza es más propicia que la ansiada a ras del frío suelo. Mirando furtivamente, a contraluz, hacia el supuesto final de este viaje, y esquivando al instante la mirada cegado por la insoportable luz solar que desciende proyectándose sobre mí sudoroso rostro. Como una deslumbrante y calurosa promesa que atrae y repele a la vez. Instándome a seguirla aunque sea a ciegas. Inclinándome subyugado ante dicha disfunción como un alma perdida en pos de un brote de esperanza.

Ahí estaba yo. Impulsándome con torpeza al ascender. Rompiéndome las uñas al apoyar mis dedos en ínfimos recovecos para no precipitarme al vacío. Sudando la gota gorda para no perder el equilibro en este vaivén ascendente de barrilete poco dado a estos menesteres. Ajeno a objetivos olímpicos. Dando lo mejor de mí para cumplir con el reto con cierta dignidad. Eludiendo pódiums de vanidades repelentes que no conducen más que a la amargura posterior al olvido. Pues nada es eterno. Todo cambia, excepto el modo de ser de las personas. Éstas, atrapadas en un bucle sin fin, siglo tras siglo, generación tras generación, sufren lo indecible y lo olvidan para volver a padecer, lo padecido, como si nunca lo hubiesen vivido.

Ahí estaba yo. Preguntándome qué pinto aquí en el reino de las almas huecas cuando la mía está plagada de sueños. Que divinidad cruel me desterró en este reino de eterna descompensación, donde los que tienen más se perpetúan en el regodeo de oprimir a los que tienen menos. ¿Qué lugar ocupo yo en este cruel tablero de juegos? Sumido en un mar de incógnitas. Embriagado por mi exceso de fantasías. Clavando mis dedos como garras en una superficie vertical por la que voy trepando hacia una cima que me reclama a gritos pero no atino a alcanzar.

Ahí estaba yo. Incontables horas más tarde. Finalizando la proeza. Haciendo el último y titánico esfuerzo por ubicarme sobre el muro. Sacudiéndome el polvo del ascenso. Secándome el sudor de mi frente e intentando recuperar el aliento. Recompensado por la visión de un horizonte azul levitando sobre un mar de esponjas blancas. Conservando el equilibrio en esta estrecha superficie como un equilibrista que hizo novillos en el cursillo de aprendizaje. Haciendo un barrido visual de mí entorno a modo de periscopio poco engrasado. Sin ver otra cosa más que la citada atmósfera. Trepar al cielo no es tarea fácil. Debería aportar algo más que cuatro nubes superpuestas sobre un fondo celeste, pues, por muy bella que sea esta estampa, si no aporta más contenido, el objetivo alcanzado más que compensar, descompensa, dejándote más vacío de espíritu que cuando te embarcaste en dicha empresa. ¿Qué clase de broma es esta? Tan huérfana de gracia como bien elaborada.

– ¡Janti Danti! ¡Janti Danti! – Grita una voz tras de mi.

Me vuelvo hacia la fuente de la llamada. Encarándome con un espejo que burlón me devuelve mi reflejo: – ¡Caramba! ¡Pero si soy un huevo con extremidades y faz atolondrada!

Sorprendido retrocedo y perdiendo el equilibrio. Ruedo por la cima del muro y me precipito al vacío.

Ahí estaba yo. Roto en mil pedazos. Con mis sueños esparcidos por doquier e incapaz de recomponerme. Viendo surgir de las sombras a cientos de criaturas diminutas que se apoderan de ellos y se los llevan felices de vuelta a sus cubículos. Privándome del único sustento que da sentido a mi vida. Sin poder llevar a cabo ni un leve amago para evitar dicho expolio. Y por si fuera poco. Cuando parecía que las cosas no podían ir peor. Siento unos golpecitos en mi hombro que me traen de vuelta a la realidad, acompañados del eco entrecortado de una voz lineal que me dice:

– “Caballero, el tiempo del examen se ha agotado. Por favor, deposite los impresos en la mesa que se halla junto a la salida, antes de partir.”

Ahí estaba yo. Más ido que perdido en el momento y lugar menos indicado.

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Allí Donde Nacen Los Sueños 10


Capítulo 10

La Reina Madre

Una vez dentro de la esfera, la niña se sienta en su regazo, y sin perder la espontaneidad, pregunta con una chispa de preocupación en la mirada: – ¿Por qué no se puede salir?No te asustes preciosa, solo bromeaba, tú si puedes salir pero no por el portal por el que has entrado. – Le responde la Reina. – ¡Ah bueno! – puntualiza la pequeña y casi sin respirar continua: – ¿Y ahora qué? Si lo deseas puedo contarte como llegue aquí – Propone la Reina Madre. – ¡Vale! Asiente la niña. – Pues que así sea – Sentencia la Reina antes de comenzar a narrar su historia.

Hace mucho tiempo…¿Empiezas como si fuera un cuento? – Interrumpe la niña – ¿No te gustan los cuentos? – Pregunta la Reina sin dejar de sonreír – ¡Me encantan los cuentos! – Responde la pequeña entusiasmada – Bueno, en ese caso, continuaré:

Hace mucho tiempo, eones atrás, las Melíferas proliferábamos por todo el universo. Ello era debido a la capacidad que poseían nuestras alas para transformar la materia. Por ejemplo, podíamos convertir la oscuridad en luz y emplear esta última para transformar la materia inorgánica en orgánica. Dichos procesos liberaban una gran cantidad de oxígeno molecular en la atmósfera, favoreciendo nuestro ciclo biológico y garantizando nuestra perpetuidad en un escalafón privilegiado de la escala evolutiva.

Durante siglos, fuimos las únicas poseedoras de esa capacidad. Por lo cual, se nos consideraba un eslabón imprescindible en el ciclo de la vida. No obstante, con el tiempo, empezaron a surgir de los caldos de cultivo de la madre naturaleza, nuevas entidades biológicamente menos complejas, que, al igual que nosotras, podían llevar a cabo dicha transformación. Simplificando el proceso de un modo hasta entonces inimaginable y relegándonos, en consecuencia, al olvido.

Marginadas por nuestro entorno natural, caímos inexorablemente en el foso de la extinción. Viéndonos obligadas a migrar a lugares excesivamente cálidos a los que nos resultaba imposible adaptarnos. Por lo que empezamos a enfermar progresivamente. Innumerables Melíferas, cuyos cuerpos putrefactos se resecaban al sol, sirvieron de pasto para las especies carroñeras. Es más, una gran mayoría permitían que el destino al que estaban abocadas les alcanzara sin oponer la más mínima resistencia.

En aquel entonces yo era joven y arrogante. No estaba dispuesta a morir. Era una idea estúpida. Lo prioritario era sobrevivir sin más planteamientos. Había que hacer algo, lo que fuera, para perpetuar la especie. Por lo que, con el fin de proteger a mi Reina Madre, me uní a un grupo de valientes con las que resistí durante años las inclemencias de las zonas cálidas, aferrada con obstinación a la vida.

Dicha situación duró más tiempo del que puedo recordar. Hasta que un día, en el que el sol nos flagelaba con una inusual y mortífera ola de calor, la Reina exhalo una bocanada de aire y se desplomó abandonando su mortaja. Llevándose consigo toda esperanza. Abatidas por su pérdida, el reducido grupo de Melíferas que aún permanecíamos a su lado, nos dispersamos.

Deambule día y noche sin rumbo por aquellos parajes secos y homogéneos. Perdida toda esperanza ¿que otra cosa podía hacer? Hallé refugio en una fría gruta. Me dejé caer sobre su abrupto suelo y deseé morir maldiciendo mi suerte.

Así, permanecí hasta que el sueño y el agotamiento se apoderaron de mí. 

No sé qué me impulsó a despertar. El caso, es que al abrir los ojos, descubrí maravillada una extraña luz en forma de esfera, levitando entre estalactitas fosilizadas, que brillaba como un sol minúsculo de color azul blanquecino. Movida por la curiosidad me dispuse a acercarme para tocarla, pero antes de que pudiera tan siquiera rozarla, alguien, oculto entre las sombras, interrumpió ese momento mágico dirigiéndose a mí con una voz profunda y fría retumbando en el interior de mi cabeza: – “¿Te gusta lo que ves?…

Alertada, me volví para plantarle cara. Una Melífera que se precie de serlo no se amedrenta ante nada. – “¿Es hermosa verdad?…” – Sin bajar la guardia pregunté: – ¿Qué es? – “Es mi compensación. Tras nutrirme innumerables veces de los sueños de los durmientes, he conseguido hacerme lo suficientemente fuerte como para generar mis propias brechas en el Nexus. Ahora soy libre para viajar en el espacio y en el tiempo, más allá de sus barreras. Mi gratitud hacia mis benefactores involuntarios será eterna. Les brindaré las mejores imágenes de las infinitas posibilidades que se presentan actualmente para mí…

Oculto en las sombras, me aburría con su pausado monólogo. Quizá, esperaba hallar en mí un confidente digno. Alguien capaz de entender la grandeza de su proeza. Pero yo no le escuchaba. Concentrada en localizar su ubicación, sondeaba todos los recovecos de la citada gruta con la clara intención de deshacerme de su compañía, no grata, al estilo poco ortodoxo de las Melíferas.

De ese modo, afinando mis sentidos, me repetía una y otra vez: – “Sigue hablando, sigue hablando…”

Anulando todo sonido que pudiese distraerme de mi objetivo, pude localizar, con una excelente precisión, su posición. Tan clara la tenia, que casi podía adivinar su silueta en la oscuridad, por lo que, sin dilación, me abalancé sobre la presa con mis garras y colmillos listos para desgarrar.

El impacto fue terriblemente doloroso. Mi frente sangraba. Aturdida lance varios zarpazos al vacío hasta comprender que no había nada a lo que golpear. No conseguía entender lo sucedido. Era imposible herrar un ataque tan claro. A no ser… que allí no hubiese nada. Aterrada pregunté: – ¡¿Quién eres?!

No malgastes energía, las criaturas Súmmum somos intangibles.

Retrocedí consciente de que no era rival para él. – ¿Qué quieres de mi? – Me atreví a decir con un hilo de voz.

– “No estoy aquí por ti.” – Respondió con indiferencia.

¿Pues que te ha traído a este lugar?

– “Su Luz. Su deliciosa luz”.

– ¿Qué tiene de delicioso la luz?.

– “¡Todo! Para mi todo. Soy un ser de la oscuridad, la luz es mi nutriente, la necesito para vivir.

Si tanto te gusta ¿porqué te escondes? sal fuera, date un festín.

– “¡Oh! sí, ojalá pudiera, pero no es posible. La cantidad que puedo asimilar es mínima. Lo normal es que me surta de la luz que emanan los sueños de los durmientes. No obstante, en uno de mis múltiples viajes, una de mis brechas me transportó aquí. Quede maravillado y a la vez saciado por lo que decidí volver siempre que me fuera posible.” 

– ¡Muéstrate! – Le desafié, hastiada de oír su verborrea. 

Entonces, de las sombras, surgió una criatura de piel albina, lisa y limpia, sin un solo vello en el cuerpo. Carecía de rostro. En su faz solo había unas cuencas en las que flotaban unas luces a modo de pupilas color rojo encendido. – ¿Qué eres?…

– “Ya te lo he dicho, soy una criatura Súmmum que se ha liberado de sus cadenas. Ahora estoy en todas partes y en ninguna. No hay secretos para mi. Todas las mentes están a mi disposición, inclusive la tuya. Sé que eres la última superviviente de tu especie. Siento tu coraje, tus ganas de vivir, y a la vez, tu desesperación al no poder burlar a la muerte. Sé que me matarías sin contemplaciones si pudieras y que abandonarte a tu suerte sería lo más sensato por mi parte. No obstante, tu belleza y tus cualidades como depredadora me fascinan. Es la primera vez que me cruzo con una forma de vida como la tuya. No puedo evitar sentir una ferviente admiración. Dichos sentimiento me hace vulnerable, pero no me importa. He decidido dejarme arrastrar por ellos y ayudarte a encontrar un lugar mejor en el que puedas perpetuar tu raza.” 

¡Déjate de rodeos. No me sobra el tiempo. Si quieres que te entienda has de ser más concreto! – 

– “Te ofrezco un mundo donde podrás tener una segunda oportunidad.

¿Cómo se llega a ese lugar?

– “Para nacer primero has de morir. Te explico. Mi función en el orden de las cosas es el de reubicar almas perdidas a cambio de un poco de luz de vida latente en el aura de sus mortajas. Dicha función me otorga la capacidad de desplazar un alma de un lugar a otro siempre que ésta abandone su receptáculo. Podría recoger tu alma y depositarla en el Nexus un lugar en el que las almas abandonan su estado etéreo tomando forma corpórea.

¿¡Deseas que muera!? ¡Te aseguro que no moriré sin lucha! – Mi amenaza provocó en él una carcajada sincera, luego aclaró: – “No esperaba menos de ti. La cuestión es que no te queda mucho tiempo de vida. Tú lo sabes y yo lo sé. Lo que te ofrezco no es tan descabellado. Deja que sea yo quien recoja tu alma antes de que el ángel oscuro se adueñe de ella y te aseguro que vivirás para siempre.

Guardé silencio durante un buen rato sopesando los pros y los contras. Era evidente que esa criatura sabía demasiado sobre mi. Quizá fuera verdad eso de que estaba unida a todas las mentes. Aunque me costase creerlo. La cuestión era, que ciertamente, mis horas estaban contadas. Sólo me quedaba esperar a que llegara el fin.

– “¿Que decides guerrera?” – Inquirió, interrumpiendo mis cavilaciones con una impaciencia que no había notado hasta el momento.

¿Y si rechazo tu oferta?

– “Me iré sin más, no puedo transportar tu alma si no me das tu consentimiento, has de estar dispuesta a abandonar tu mortaja.

– En ese caso… acepto. – Le respondí sin darle más vueltas.

Así pues, tan pronto terminé de hablar, experimenté una intensa sensación de vacío. El tiempo se ralentizó en una caída vertiginosa que me despojo del cuerpo y me sumió en las sombras. Donde una voz serena y distante me arrulló en mi lúgubre descenso hasta que el silencio se adueñó de todo. Justo en ese momento recuperé la conciencia y me aventure a abrir paulatinamente los ojos.

Oscuridad. Solo vi oscuridad. Horrorizada tome conciencia del engaño. Esa extraña criatura me había transportado a un lugar carente de vida, frío y oscuro. Flotando a la deriva en las profundidades de la nada sentí como se encogía mi alma. Desolada creí morir. Pero, por azar del destino, mis facultades innatas para transformar la materia acudieron en mi auxilio. Activándose tras percatarse de la hostilidad del entorno y creando una burbuja de oxígeno en cuyo núcleo me sentí a salvo. Pero no por mucho tiempo. La energía liberada en el proceso despertó a la oscuridad de su letargo. Ésta, aplastada contra las barreras gaseosas de mi refugio empezó a bullir, expeliendo unas pompas pastosas que al eclosionar liberaron cientos de minúsculas larvas blancas, que movidas por una imperiosa necesidad de consumir luz se abalanzan ansiosas sobre mí, envolviendo mi receptáculo.

Instintivamente, mis alas abiertas de par en par, absorbieron los componentes oscuros del agresor, devolviéndoselos transformados en una cegadora y ardiente andanada de energía lumínica. Incinerando a su paso a la avanzadilla de larvas, colisionando violentamente contra el punto de inflexión que nos separaba y generando chispas en un número indefinido de partículas que flotaban inertes en el entorno. Electrones y neutrones comenzaron a unirse formando átomos, y estos, a su vez, moléculas. Dando lugar a una masa de componentes más pesados que se aglutinaron hasta formar una costra rocosa extremadamente caliente sobre la superficie de la burbuja gaseosa que me envolvía.

Agotada me detuve para tomar aliento. Levitando en mi núcleo protector me percaté de lo holgada que había quedado la esfera en el ardor de la contienda. Las rocas que la envolvían se habían cristalizado debido a las altas temperaturas que el fenómeno había generado. Creando una barrera que la oscuridad no podía atravesar y concediéndome una tregua que me permitió caer rendida en un profundo sueño.

Nuevas e incontables larvas blancas remplazaban a las que morían intentando acceder al interior. Impactaban en el exterior, como una lluvia de granizo, en una segunda y definitiva oleada que parecía no acabar. Consiguiendo que nuevamente se activase de forma instintiva, a modo de defensa, la capacidad de mis alas para transformar la materia. Generando un cóctel primigenio de gases, que transcurrido un tiempo atrapados en el interior de mi prisión, dieron lugar a una especie de atmósfera. Facilitando la aparición de agua, la cual dio lugar al nacimiento de organismos que fueron a su vez modificando el ambiente, evolucionando y reproduciéndose hasta llegar a conformar el Nexus que ahora conoces.

Durante la segunda andanada permanecí sumida en un profundo letargo. Al despertar, quedé maravillada con la belleza del lugar que había surgido de la nada. Aturdida aún por el largo descanso, me llevé la mano a la sien, cerré los ojos y dejé escapar una bocanada de aire. Acto seguido decidí explorar el nuevo mundo que se mostraba ante mí. Pero… ¡horror! no pude. Atónita lo intente una y otra vez, hasta comprender que había quedado confinada en el núcleo del Nexus.

– “¡Eres fabulosa! Sabía que no me defraudarías.” – Me dijo el ser paliducho y rastrero mientras aplaudía orgulloso de sí mismo.

– ¡Tú sabías que esto pasaría! ¡Me Mentiste! – Le imputé encolerizada, aunque a él, más que ofenderle parecía alegarle, animandole a seguir hablando: – “Así es. No ha sido fácil, lo admito. Omití algunos detalles pero no te mentí. Dije que te traería al Nexus y así lo he hecho.

– ¡De que Nexus me hablas! ¡Antes de que llegara aquí no había nada! ¡Lo que ahora ves ha surgido con mi llegada! – Le reproché encolerizada pero aquel ser nunca se alteraba. Solo me observaba y hablaba con una monotonía que exacerbaba: – “Esa era la idea. La oscuridad es la antesala de la luz. Es un campo en el que se cultivan sueños y yo el jardinero encargado de recolectar y plantar las semillas que dan lugar a esos sueño. No todas las almas brotan como ha brotado la tuya. Las entidades, en cuestión, han de reunir ciertas característica que no resultan fáciles de hallar. A mi modo de ver, tu capacidad para transformar la materia es de un valor incalculable, y el hecho de que hayas aceptado mi propuesta me llena de satisfacción. Ya que, la luz que brota de ti me servirá de abono para cultivar nuevas maravillas.

– ¡Te odio! ¡Cuando me libere pagaras caro tu atrevimiento!

– “Es posible. He cumplido con mi parte. Ahora te toca ti cumplir con la tuya.

– ¡Maldito! ¡Deja de hablar con acertijos!

– “Tranquila, si he de serte sincero, no tengo ningún interés en ti, en particular. Una entidad que se hace llamar, Madre, se las apañó para contactar conmigo y proponerme un suculento pacto. Yo le hacía el favor de traerte al Nexus, y ella, a cambio, me permitía quedarme con toda la luz que generases. Cómo iba a negarme. Simplemente no podía. No entiendes lo que significa la luz para mi.

– ¿¡Por qué quería esa tal, Madre, que estuviera aquí!?

– “Solo sé, que tu presencia mantiene abierto el portal al Nexus.  El por qué lo desconozco, lo que sí te puedo asegurar, es que, tarde o temprano, todo esto va a generar consecuencias. Y auguro que no van a ser buenas para nadie.

– ¡Si eso es cierto por qué no me liberas!

– “Tengo mis motivos. Ahora he de irme. Volveré siempre que pueda a nutrirme de tu luz.” 

Así, sin el más mínimo remordimiento desapareció por una brecha en el plano de la realidad. Dejándome sola y atrapada en la esfera, pidiéndole a gritos que me liberara hasta caer rendida, sin voz y sin fuerzas…

La Reina Madre detiene de forma repentina su relato. Se queda en silencio con la mirada perdida durante un rato. Luego, mira sonriendo con ternura a la niña que se ha dormido en su regazo. Acaricia su cabello pelirrojo y le dice en voz baja:  – Cuando despiertes comenzaras una nueva vida, mi pequeña elegida.

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